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El sector salud vuelve a las calles: una lucha que México arrastra desde 1965

hace 9 horas
3 min de lectura

No es la primera vez que marcha el sector salud: 26 de agosto de 1965, represión a médicos en pie de lucha


De las protestas por mejores condiciones laborales en los años sesenta a las movilizaciones de hoy, el personal médico vuelve a salir a las calles para exigir que se atiendan las carencias de un sistema del que depende la salud de millones de mexicanos.


Mañana, el sector salud vuelve a convocar a una movilización nacional para visibilizar los problemas que enfrenta: desabasto de medicamentos, carencias de insumos, condiciones laborales, falta de recursos y dificultades para brindar una atención digna a los pacientes. No es la primera vez que médicos, enfermeras, residentes y otros trabajadores sanitarios tienen que levantar la voz para exigir respuestas. La historia demuestra que sus demandas vienen de lejos y que, en ocasiones, manifestarse también les ha costado represalias.


El 26 de agosto de 1965, el movimiento médico mexicano vivía uno de sus episodios más difíciles. Desde finales de 1964, médicos residentes e internos de hospitales públicos habían iniciado una serie de paros para reclamar mejores salarios y condiciones de trabajo. El conflicto comenzó en el Hospital 20 de Noviembre, cuando se informó que los residentes e internos no recibirían aguinaldo bajo el argumento de que eran becarios y no trabajadores con sueldo. Sin embargo, detrás de aquella discusión administrativa había una realidad mucho más profunda: jornadas extenuantes, espacios improvisados para descansar y condiciones que contrastaban con la responsabilidad de atender la salud de los mexicanos.


La protesta creció rápidamente. Médicos de otros hospitales se sumaron al movimiento y las demandas llegaron hasta Palacio Nacional. Los trabajadores realizaron una concentración silenciosa con un mensaje directo al presidente Gustavo Díaz Ordaz: «Escúchenos, señor presidente». La respuesta oficial no resolvió el conflicto. Por el contrario, hubo despidos, hostigamiento y persecución contra participantes del movimiento. El doctor Ismael Cosío Villegas, director del sanatorio de Huipulco, renunció en desacuerdo con las represalias contra residentes e internos; otros médicos también dejaron sus cargos en solidaridad.


El movimiento de 1964 y 1965 quedó como un antecedente importante de la organización gremial del personal médico en México. Sus integrantes sostenían que exigir mejores condiciones de trabajo no significaba abandonar a los pacientes: durante los paros, mantuvieron la atención de urgencias y de los casos graves. La disputa dejó al descubierto una contradicción que sigue siendo relevante: quienes tienen la responsabilidad de cuidar la salud de la población también necesitan condiciones dignas, recursos suficientes y garantías para desempeñar su trabajo.


Más de seis décadas después, los problemas del sistema de salud tienen otras dimensiones, pero la exigencia de fondo permanece: no se puede ofrecer atención de calidad cuando faltan medicamentos, insumos, personal o condiciones adecuadas en los hospitales. El desabasto no es solamente una cifra ni un asunto administrativo; detrás de cada receta sin surtir hay una persona que debe buscar alternativas, gastar dinero que quizá no tiene o enfrentar la incertidumbre de interrumpir un tratamiento.


La movilización convocada para mañana, 13 de octubre de 2026, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que México no ha terminado de responder: ¿cómo garantizar el derecho a la salud si quienes sostienen el sistema denuncian carencias y quienes acuden a él no siempre encuentran lo que necesitan?


La historia de 1965 recuerda que las protestas del personal sanitario no comenzaron ayer. También recuerda que escuchar sus demandas no debería depender de que los hospitales lleguen al límite ni de que los trabajadores tengan que salir a las calles. La salud es un derecho de la población y garantizarlo exige proteger tanto a quienes necesitan atención como a quienes todos los días hacen posible brindarla.



El personal de salud del IMSS mantiene protestas por los bajos salarios, la falta de insumos y el desabasto de medicamentos, mientras crece la deuda del sistema público con las empresas farmacéuticas. Estos problemas evidencian las dificultades del gobierno para consolidar un sistema de salud universal: la centralización de las compras de medicamentos ha estado acompañada de problemas de abastecimiento durante los últimos años, lo que afecta tanto las condiciones de trabajo del personal sanitario como la atención que reciben millones de pacientes.


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