Pedacitos de sabor: cuando una vida cabe en un recetario
- 22 ago
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La cocina de Doña Emy era pequeña, pero ahí cabía un mundo entero. Sobre la mesa de madera se acomodaban el maíz, el frijol, el chile seco y las especias; alrededor, flotaban esos aromas que no necesitan explicación porque pertenecen a la memoria. Desde niña, en Atexac, Aquixtla, Puebla, Emy aprendió que cocinar también era una forma de contar quiénes somos. El metate era su aliado y el molino de mano, uno de esos objetos cotidianos que terminan convirtiéndose en parte de una vida.
Ahora, muchos de esos recuerdos caben en unas cuantas páginas. Pedacitos de sabor: un recetario de rancho de la valedora Emy no es solamente una colección de recetas. Es un pequeño archivo de vida: historias, sabores, recuerdos y, sobre todo, la persistencia de una mujer que nunca dejó de cocinar ni de crear a pesar de las adversidades.
El fanzine tiene además algo de autorretrato. Emy, que también encontró en el collage una manera de expresarse, convirtió cada página en una extensión de su imaginación. Los recortes, las imágenes y las recetas se mezclan para construir una historia que habla tanto de comida como de identidad. Porque hay recetas que alimentan el cuerpo, pero también las hay que preservan una memoria.
Desde que se incorporó a Mi Valedor en 2023, Emy encontró un espacio para que esa historia dejara de ser invisible. Participó en exposiciones, en la venta de sus productos y en distintas actividades de la organización. El recetario es quizá una de las formas más hermosas de ese camino: llevar su cocina más allá de su propia mesa.
Ahora Pedacitos de sabor forma parte del acervo de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana de Fundación Herdez, donde los libros también funcionan como guardianes de aquello que podría perderse. Carmen Robles, directora de la Fundación, celebró la llegada del fanzine y destacó que sus páginas contienen no solo recetas, sino un testimonio de tradición y superación.
Arturo Soto, director de Mi Valedor, puso el acento en algo todavía más importante: la posibilidad de que las historias de personas que han vivido en contextos de exclusión encuentren un lugar para ser escuchadas y reconocidas. Lo que antes podía parecer una vida al margen se convierte, de pronto, en una historia capaz de inspirar a otros.
Y quizá ahí está la verdadera riqueza de este pequeño recetario. En México, cocinar nunca ha sido solamente cocinar. Es heredar, recordar, resistir. Es aprender de una madre, de una abuela, de una mujer que sabe cuánto maíz necesita la masa y cuánto tiempo debe pasar el frijol al fuego. Es conservar una forma de mirar el mundo.
El recetario de Emy ahora puede viajar. Puede llegar a otra cocina, a otra mesa, a otras manos. Y con cada ejemplar viajan también Atexac, el metate, el molino, los aromas de su infancia y una historia que encontró en la cocina una manera de permanecer.
Porque algunos libros se leen. Otros, además, se huelen, se recuerdan y casi pueden saborearse. Pedacitos de sabor pertenece a esos últimos: los que nos recuerdan que detrás de una receta siempre hay alguien que la aprendió, la transformó y decidió compartirla.


















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