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Cantinflas vuelve: el hombre que hizo de México un chiste, una crítica y una forma de hablar

  • hace 13 horas
  • 3 min de lectura

Hay personajes que pertenecen al cine y otros que, con el tiempo, terminan perteneciendo a un país. Cantinflas es de los segundos. No hace falta haber visto una de sus películas completas para reconocerlo: el pantalón caído, el bigotito, la camisa abierta, el sombrero y, sobre todo, esa manera imposible de hablar que parecía no decir nada mientras lo decía todo.



El 1 de septiembre, Netflix pondrá en su catálogo 35 películas clásicas de Cantinflas, como parte de la celebración del Día del Cine Mexicano. Estarán disponibles hasta marzo de 2027. Es, de alguna manera, una invitación a que una nueva generación descubra a Mario Moreno, pero también a que varias generaciones vuelvan a encontrarse con un personaje que acompañó la infancia de millones de mexicanos.


Porque Cantinflas no fue solamente un comediante. Fue una de las formas en que México se miró a sí mismo.


Mario Moreno Reyes nació en la Ciudad de México en 1911 y convirtió al pelado, al hombre de barrio, al trabajador, al desempleado, al policía improvisado, al humilde que siempre encontraba la manera de sobrevivir, en un personaje universal. Cantinflas hablaba como quien se escapa de una pregunta: daba vueltas, inventaba palabras, cambiaba de sentido las frases y conseguía que el silencio entre una palabra y otra también fuera un chiste.


Pero detrás de esa verborrea había algo profundamente mexicano. Su humor nacía de la calle, de la desigualdad, de la burocracia, de los poderosos, de la necesidad de sobrevivir y de esa capacidad tan nuestra de hacer humor incluso cuando las cosas no están para reírse.


Ahí está buena parte de su importancia histórica.


Cantinflas apareció en un México que estaba construyendo su identidad después de la Revolución. El país cambiaba, las ciudades crecían, llegaban nuevos medios de comunicación y el cine se convertía en una poderosa fábrica de imaginarios. En ese escenario, Cantinflas creó un personaje que podía entrar en cualquier mundo sin dejar de ser el de abajo: podía convertirse en gendarme, sacerdote, profesor, funcionario, diplomático o trabajador, pero siempre llevaba consigo al mismo mexicano que intentaba salir adelante con ingenio.


Y quizá por eso Cantinflas se volvió icónico: porque consiguió que México se riera de sí mismo sin dejar de reconocerse.


Películas como El bolero de Raquel, El padrecito, El analfabeto, Romeo y Julieta, Su excelencia, El gendarme desconocido, El patrullero 777 y Pepe permiten recorrer buena parte de esa historia. Algunas son puro entretenimiento; otras tienen una carga social y política que hoy resulta especialmente interesante. En Su excelencia, por ejemplo, aquel discurso aparentemente disparatado termina convirtiendo al personaje en una voz contra los extremos políticos y las guerras.


Eso también fue Cantinflas: un hombre que podía hacer reír a un país mientras hablaba de sus contradicciones.


Su influencia salió de México. Llegó a Hollywood, trabajó con figuras internacionales y se convirtió en uno de los rostros latinoamericanos más reconocibles del siglo XX. Pero su verdadera patria siempre estuvo en ese lenguaje que inventó y que terminó incorporándose al idioma: cantinflear significa hablar mucho sin decir aparentemente nada, dando vueltas alrededor de las palabras.


Qué ironía: un personaje famoso por no decir nada terminó dejando muchísimo que decir.


Por eso que Netflix reúna 35 de sus películas no es solamente una decisión de catálogo. Es una pequeña cápsula del tiempo. Es volver a un México que ya no existe exactamente como entonces, pero que sigue apareciendo en sus calles, en sus personajes, en sus problemas y, sobre todo, en su manera de reírse de la vida.


Para quienes crecieron viéndolo con sus padres y abuelos será, probablemente, una vuelta a casa. Para quienes nunca lo han visto, una oportunidad de descubrir que antes de los memes, de los influencers y de la comedia instantánea de las redes, hubo un hombre que podía sostener una escena solamente con las palabras.


El 1 de septiembre, Cantinflas vuelve a las pantallas. Y quizá descubramos que algunas formas de hacer reír no envejecen: se convierten en memoria.




Porque la realidad supera a la ficción... sigue leyendo.

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