🚀 Visitante del espacio profundo: ¿qué sabemos del cometa 3I/ATLAS?”
- anitzeld
- 29 oct
- 5 Min. de lectura
El cometa interestelar 3I/ATLAS: por qué alarma a los científicos, las teorías conspirativas que giran en torno a él y cómo verlo desde Tierra

El visitante más enigmático del Sistema Solar está a punto de dar un espectáculo sin precedentes. El cometa interestelar 3I/ATLAS —solo el tercer objeto proveniente de otro sistema estelar confirmado hasta ahora— se prepara para alcanzar el punto más cercano al Sol el miércoles 29 de octubre, antes de emprender su viaje definitivo de salida hacia el espacio profundo. Aunque otro cometa brillante domina actualmente el cielo terrestre, 3I/ATLAS se mantiene oculto tras el Sol. Descubierto recientemente y confirmado por la NASA en julio, este cuerpo helado se distingue por ser el objeto interestelar más grande, más rápido y posiblemente más antiguo jamás detectado en nuestra vecindad cósmica.
Una de las imágenes más claras del cometa fue captada el 27 de agosto por el telescopio Gemini South en Chile. En ella, se observa cómo el hielo de su núcleo comienza a calentarse debido a la radiación solar, liberando chorros de gas y polvo que crean una brillante coma alrededor del objeto. El viento solar empuja ese material hasta formar una cola larga y resplandeciente que se extiende en dirección opuesta al Sol. Con su aproximación a 1,4 unidades astronómicas (unos 210 millones de kilómetros de nuestra estrella), los astrónomos esperan que 3I/ATLAS entre en una fase de gran actividad. Cuando vuelva a ser visible para los telescopios a principios de noviembre, su aspecto podría ser más luminoso y voluminoso que hace apenas dos meses.
Observatorios en Tierra, sondas en órbita e incluso misiones camino a Júpiter ya se preparan para estudiarlo a fondo. Cada medición puede ofrecer pistas inéditas sobre los confines de nuestra galaxia y las condiciones en sistemas estelares lejanos. Mientras tanto, a este viajero interestelar le quedan solo unos meses en nuestro cielo antes de perderse para siempre en la oscuridad. Los científicos y aficionados a la astronomía aguardan expectantes su reaparición, conscientes de que 3I/ATLAS podría estar transportando secretos tan antiguos como la propia Vía Láctea.
Por qué preocupa a los científicos
Aunque no representa ningún peligro para la Tierra —la NASA ha descartado riesgo de impacto—, el objeto reúne varias características que lo hacen inusualmente interesante y motivo de cautela en el sentido de expectación científica. Su origen exterior al sistema solar está confirmado al poseer una trayectoria hiperbólica, lo que indica que proviene de otro sistema estelar. Su velocidad es extraordinaria, lo que sugiere una residencia prolongada en el espacio interestelar. Su química resulta atípica para cometas comunes, con estudios que señalan una relación CO₂/H₂O muy elevada, lo que puede indicar que se formó en condiciones muy distintas a las de los cometas de nuestro sistema. Su aproximación al Sol será muy cercana, y justo detrás del Sol desde la Tierra, lo que dificultará la observación directa astronómica. Debido a lo anterior, los científicos ven en este cometa una oportunidad única para estudiar material que podría tener miles de millones de años y provenir de entornos estelares distintos al nuestro.
Estas particularidades hacen que 3I/ATLAS despierte tanto expectación como precaución epistemológica: ¿qué pueden revelar estos datos sobre la formación de sistemas planetarios, sobre la evolución de los cuerpos helados “exteriores”, o incluso sobre la frecuencia de visitantes interestelares? Aunque no exista un riesgo para el planeta, el “por qué” y el “qué significará” mantienen a la comunidad científica en actitud vigilante.

Las teorías de conspiración que circulan
En paralelo a la ciencia, varias hipótesis sin base sólida han proliferado en redes sociales, foros y algunos medios sensacionalistas. Entre ellas destaca la idea de que 3I/ATLAS no es un cometa natural, sino una sonda tecnológica alienígena. El astrónomo Avi Loeb ha sugerido esta posibilidad dada su velocidad, trayectoria e inusual composición. Otra hipótesis apunta a que este objeto podría tener manipulaciones deliberadas de rumbo o emisión, pasando detrás del Sol para ocultar sus operaciones, y luego emerger con un comportamiento distinto al esperado. También circulan afirmaciones de que existe una conspiración de ocultamiento por parte de agencias espaciales, que “esconden” anomalías o detalles llamativos del cometa para evitar pánico o revelar secretos tecnológicos. Finalmente, se habla de que podría suponer una amenaza oculta para la Tierra —colisión, cambio de trayectoria, radiaciones—, aunque todas las observaciones oficiales descartan dicho riesgo.
Es importante subrayar que estas teorías no cuentan con respaldo científico sólido. La mayor parte de la comunidad astronómica continúa considerando que 3I/ATLAS se comporta como un cometa natural, aunque poco convencional.
Cómo y cuándo verlo desde Tierra
El momento idóneo para observar al cometa interestelar 3I/ATLAS llega tras su paso más cercano al Sol. Desde comienzos de julio hasta septiembre de 2025 estuvo en condiciones relativamente favorables, después del atardecer y en las constelaciones de Sagitario y Ophiuchus, con una magnitud estimada que oscilaba según el mes. En octubre perdió visibilidad porque quedó detrás del Sol desde la Tierra. A partir de noviembre, la geometría se vuelve más amigable nuevamente: se espera que el cometa reaparezca en el cielo matinal, unas horas antes del amanecer, con un brillo estimado cercano a la magnitud 10, aunque con incertidumbre, pues su actividad puede variar.
Para quienes tienen un telescopio amateur conviene saber que 3I/ATLAS no será visible a simple vista. Su brillo aún es bajo para ese nivel, y además estará bastante bajo sobre el horizonte en muchos lugares, lo que exige un cielo claro y oscuro sin mucha contaminación lumínica. Lo ideal es utilizar un instrumento de al menos 200 mm de apertura (8 pulgadas) y localizarlo en los mapas estelares que ofrecen seguimiento en tiempo real. Una vez localizado, la mejor estrategia será observarlo justo antes del alba, cuando aún salga unas dos o tres horas antes del Sol, lo que ofrecerá mayor altura sobre el horizonte y menos efecto atmosférico.
Aunque desde el hemisferio norte puede resultar un poco más difícil por su posición sobre el horizonte, los hemisferios medios y sur tienen mejores condiciones en noviembre y principios de diciembre. A los fotógrafos del cielo les resulta además una ocasión singular para capturar cola y coma en fase de actividad creciente tras el perihelio, cuando el calor solar hará que el hielo del núcleo se sublime con mayor intensidad y pueda aumentar la visibilidad del cometa.
En resumen, si dispones de un telescopio y acceso a cielo oscuro, noviembre representa una ventana de oportunidad real para ver al visitante interestelar 3I/ATLAS antes de que cada vez se aleje más y su brillo disminuya. Vale prepararse con antelación, usar mapas actualizados y observar durante las horas de aurora para aprovechar esta visita única




















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