La inauguración del Mundial ya pasó y la CNTE sigue aquí
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El pulso entre el gobierno y la CNTE continúa en torno al USICAMM, las pensiones y la asignación de plazas.

El Mundial 2026 ya terminó. Los estadios se vaciaron, la atención internacional se desplazó a otros escenarios y la euforia futbolística quedó atrás. Pero mientras el país celebraba la fiesta deportiva más importante del planeta, otro conflicto permanecía en las calles de la Ciudad de México: el de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un movimiento que ha sobrevivido a presidentes, reformas educativas y cambios de régimen político.
La persistencia de las movilizaciones magisteriales revela una realidad incómoda: los problemas estructurales del sistema educativo mexicano siguen sin resolverse. Lejos de ser un conflicto coyuntural, sus raíces se remontan a finales de la década de 1970, cuando la CNTE surgió como una corriente disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en respuesta al control político y sindical que históricamente ejerció el Estado sobre el magisterio.
Desde entonces, su relación con el poder ha sido cambiante. En distintos momentos, la CNTE ha sido interlocutora, aliada o adversaria de los gobiernos en turno. Cada administración ha intentado negociar con el movimiento magisterial, pero pocas han logrado resolver las demandas de fondo. El resultado ha sido un ciclo repetido de acuerdos, desencuentros y nuevas protestas.
Las promesas políticas incumplidas.
Parte del problema radica en una larga cadena de promesas incumplidas. Diversos gobiernos y campañas electorales han ofrecido mejoras salariales, reformas laborales o cambios administrativos que no siempre se concretan. Esta acumulación de compromisos pendientes ha alimentado el descontento del magisterio y dado paso a nuevas movilizaciones.
Uno de los principales focos de tensión es el Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM), encargado del ingreso, promoción y reconocimiento docente. Sectores de la CNTE han exigido su desaparición o una reforma profunda, al considerar que sus mecanismos son burocráticos, generan incertidumbre laboral y no garantizan condiciones equitativas para todos los maestros.
Sin embargo, la discusión ha adquirido un nuevo matiz. Recientemente, surgieron críticas ante la posibilidad de que cambios al sistema permitan una mayor participación sindical en la asignación de plazas. Voces especializadas han advertido que, sin reglas claras y mecanismos de supervisión, podría abrirse la puerta al regreso de prácticas discrecionales o clientelares que las reformas educativas de los últimos años buscaron limitar.
El debate de fondo no es menor: ¿quién debe decidir quién ingresa al servicio docente y bajo qué criterios? Mientras algunos defienden concursos administrados por el Estado y basados en el mérito, otros consideran que dichos mecanismos no reflejan las realidades regionales ni las condiciones laborales del magisterio. La discusión enfrenta dos principios difíciles de conciliar: transparencia y participación sindical.Las pensiones constituyen otro punto neurálgico. Las reformas al ISSSTE y el sistema de cuentas individuales han generado inconformidad entre miles de docentes que consideran insuficientes las condiciones para su retiro. Entre las demandas más recurrentes se encuentra la recuperación de esquemas de jubilación más favorables y el reconocimiento pleno de derechos laborales adquiridos.
El impacto del conflicto, sin embargo, rebasa al magisterio. Los paros, marchas y bloqueos alteran la movilidad urbana y afectan la vida cotidiana de millones de personas, pero sobre todo tienen consecuencias para estudiantes (que pierden hasta 40 días de clases) y familias. A ello se suman problemas estructurales que persisten desde hace décadas: escuelas con infraestructura insuficiente, desigualdad educativa y rezagos de aprendizaje.La discusión sobre la CNTE suele reducirse a los bloqueos o a la disputa por las plazas, pero el conflicto es más profundo. Refleja las tensiones entre un Estado que busca regular el sistema educativo, sindicatos que reclaman mayor participación en las decisiones laborales y una sociedad que exige educación de calidad para sus hijos.
El Mundial terminó. La CNTE sigue aquí. Y con ella permanece una pregunta que México ha pospuesto durante décadas: ¿es posible construir un sistema educativo más justo y transparente sin repetir los errores del pasado?
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