#Resumen ¿Qué pasó realmente ayer en la marcha de Chihuahua?
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Lo que pasó ayer en Chihuahua fue menos una “mega marcha” y más una demostración de polarización política. Morena intentó convertirla en una muestra de fuerza nacional contra la gobernadora panista Maru Campos, bajo el discurso de “defensa de la soberanía” por el tema de los presuntos operativos de agencias estadounidenses en el estado. Pero el resultado quedó muy lejos de lo que habían prometido.
Morena había hablado de una movilización histórica: algunos voceros mencionaron 10 mil personas y otros hasta 200 mil. Lo que muestran las imágenes aéreas, videos y reportes de prensa es otra cosa: cientos o quizá algunos pocos miles dispersos, dependiendo de quién cuente y desde dónde. Incluso medios no alineados entre sí coinciden en que la asistencia fue baja para el nivel de convocatoria nacional que se anunció.
Sobre los “acarreados”: sí hubo señales claras de movilización organizada. Se documentaron autobuses provenientes de otros municipios y estados, además de denuncias de bloqueos carreteros para impedir que llegaran contingentes. Morena niega que hubiera acarreo y dice que eran simpatizantes organizados; la oposición sostiene que la mayoría llegó en camiones coordinados por estructuras del partido. Hay videos de autobuses detenidos por manifestantes anti-Morena y también registros de caravanas entrando por rutas alternas.
Ahora, la parte importante: ¿sirvió políticamente?
Depende de qué objetivo se mida.
No logró el efecto de “músculo nacional” que Morena buscaba. Al contrario: las imágenes de poca asistencia terminaron dominando la conversación pública y dieron munición a la oposición.
Pero sí dejó ver algo más profundo: el nivel de desgaste y enojo que ya existe hacia Morena en ciertos sectores del norte del país, especialmente en Chihuahua. La recepción a Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”) en el aeropuerto —con gritos de “fuera Morena” y “narcogobierno”— probablemente fue más significativa políticamente que la marcha misma.
También mostró otra cosa: que la narrativa de soberanía nacional todavía moviliza a la base dura morenista, pero ya no necesariamente expande apoyo fuera de ella. Mucha gente vio la marcha como un intento de desviar la atención del caso de Rubén Rocha Moya y las acusaciones surgidas desde Estados Unidos.
En términos concretos, no se logró nada inmediato:
no cayó Maru Campos,
no avanzó aún ningún juicio político real,
no hubo una demostración masiva de respaldo ciudadano.
Lo que sí quedó claro es que el clima político está entrando en una fase mucho más agresiva rumbo a 2027. Chihuahua se volvió el escenario donde Morena y oposición están probando narrativas: “soberanía vs intervención” por un lado, y “narcogobierno” por el otro.


















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