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CDMX 2025–2045: lo que el plan podría quitarte

  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura

El Plan General de Desarrollo 2025–2045 definirá cómo crecerá la Ciudad de México en los próximos 20 años. Aunque el gobierno realizó una consulta pública con miles de propuestas, colectivos y vecinos cuestionan que el proceso no fue realmente participativo ni vinculante. La preocupación: cambios en el uso de suelo, mayor densificación y decisiones tomadas sin la voz directa de la ciudadanía. El debate sigue abierto.


¿Qué implicaría el nuevo Plan General de Desarrollo 2025–2045 y por qué es en detrimento de la ciudadanía?


El nuevo Plan General de Desarrollo 2025–2045 de la Ciudad de México, presentado por el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva, ha encendido alertas entre especialistas, colectivos urbanos y vecinos que cuestionan tanto su contenido como el proceso mediante el cual fue elaborado.


Se trata de un documento clave: definirá el crecimiento, el uso de suelo y el modelo de ciudad para los próximos 20 años. Sin embargo, el principal señalamiento apunta a una supuesta falta de participación ciudadana efectiva durante su construcción, lo que ha llevado a acusaciones de que la consulta pública fue más un trámite que un ejercicio vinculante.


Un proceso bajo cuestionamiento


Diversas voces críticas sostienen que el plan fue presentado prácticamente terminado antes de abrir espacios de consulta, lo que, afirman, contraviene el espíritu de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Constitución de la Ciudad de México, que garantizan el derecho a la participación en decisiones públicas.

No obstante, hasta ahora no existe una resolución oficial que declare ilegal el proceso. El debate permanece en el terreno político, técnico y ciudadano.


¿Qué implicaría para la ciudad?


De aprobarse en sus términos actuales, el plan podría tener efectos profundos en la vida urbana. Entre los principales puntos señalados por críticos se encuentran:

  • Cambios de uso de suelo en distintas zonas, lo que podría abrir la puerta a desarrollos inmobiliarios en áreas habitacionales consolidadas.

  • Mayor densificación urbana, con construcciones de mayor escala cerca de colonias tradicionales.

  • Riesgo para el patrimonio barrial, al reducirse mecanismos de protección en ciertas zonas.

  • Debilitamiento de la participación vecinal, particularmente en órganos como los COPACOS.

  • Centralización de decisiones, con menor margen de incidencia para comunidades locales.


En conjunto, estas medidas podrían traducirse —según advierten colectivos— en una transformación del entorno urbano sin el consentimiento directo de quienes lo habitan.


¿Por qué se considera en detrimento de la ciudadanía?


El argumento central de quienes se oponen no se limita al contenido del plan, sino a la forma en que se construyó. La crítica apunta a que, sin una participación real, las decisiones sobre vivienda, movilidad y territorio se toman desde una lógica técnica y administrativa, dejando de lado la experiencia cotidiana de los habitantes.

Esto, sostienen, puede favorecer intereses económicos o proyectos de gran escala por encima de las necesidades locales, incrementando problemas como la gentrificación, la presión sobre servicios urbanos y la pérdida de identidad comunitaria.


Exigencias y movilización


Frente a este panorama, organizaciones vecinales y ciudadanos han comenzado a articular demandas concretas:

  • Reponer el proceso de elaboración del plan

  • Garantizar mecanismos de participación ciudadana vinculante

  • Transparentar los criterios técnicos y decisiones adoptadas

  • Incorporar las voces de comunidades en cada etapa


Además, han impulsado campañas de información, recolección de firmas y organización comunitaria, con miras a emprender acciones más contundentes en las próximas semanas.


Un debate abierto


El Plan General de Desarrollo 2025–2045 aún se encuentra en el centro del debate público. Su eventual aprobación no solo marcará el rumbo de la capital, sino también pondrá a prueba los mecanismos de participación y gobernanza urbana en la Ciudad de México.


La discusión, por ahora, sigue abierta: entre quienes defienden la planeación como una herramienta técnica indispensable y quienes exigen que el futuro de la ciudad no se decida sin la ciudadanía.able y quienes exigen que el futuro de la ciudad no se decida sin la ciudadanía.



¿Se hizo realmente una consulta?


El periodo de consulta se abrió desde noviembre de 2025 y se amplió varias veces hasta abril de 2026 para recibir más participación.


Sí hubo una consulta pública sobre el Plan General de Desarrollo 2025–2045, organizada por el gobierno de la Ciudad de México y el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva, que incluyó foros, talleres y mecanismos digitales para recibir propuestas ciudadanas. Sin embargo, la controversia no gira en torno a su existencia, sino a su calidad: diversos colectivos y especialistas cuestionan que el documento ya estaba prácticamente definido cuando se abrió la consulta y que la participación no fue vinculante. En ese sentido, mientras las autoridades sostienen que se trató de un proceso amplio, las críticas apuntan a que fue limitado y con poco impacto real en el resultado final.


No hay una cifra única de “personas participantes” como tal, pero sí datos oficiales que permiten dimensionar el alcance.


De acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México, durante la consulta del Plan General de Desarrollo 2025–2045 se recibieron más de 200 mil propuestas ciudadanas, a través de distintos mecanismos como foros, encuestas, talleres y plataformas digitales.


Petición ciudadana:



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