Betty Boop, Mondrian y el día en que el arte se volvió público
- anitzeld
- hace 3 días
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En alguna parte —quizá en una versión futura, digital, remezclada y ya sin derechos reservados— Betty Boop entra a un museo y se encuentra con un Mondrian.
Ella, hecha de curvas, pestañas y movimiento; él, de líneas rectas, colores primarios y silencio.
Betty lo mira con curiosidad, ladea la cabeza, no entiende del todo… pero algo se acomoda. El mundo, por un segundo, deja de ser ruido y se vuelve ritmo. No porque el cuadro explique nada, sino porque ordena.
Eso es, quizá, lo que significa que Mondrian entre al dominio público: que deje de ser una obra protegida detrás del vidrio y se vuelva una experiencia compartida, disponible, remezclable, viva. Que ya no pertenezca sólo a la historia del arte, sino también a la imaginación de quienes aún no han nacido.
Entre la geometría perfecta de Mondrian y la coquetería ingenua de Betty Boop hay casi un siglo de distancia cultural. Pero desde ahora comparten algo esencial: ya no son propiedad de nadie. Son parte del lenguaje común.
Y en tiempos en los que casi todo se privatiza, que el arte vuelva a ser de todos no es una nota al pie legal: es una pequeña victoria cultural.

Piet Mondrian entra al dominio público: el arte que ahora es de todos
Por primera vez en casi un siglo, una de las obras más reconocibles del arte moderno deja de estar protegida por derechos de autor. A partir del 1 de enero de 2026, Composition with Red, Blue and Yellow y otras piezas de Piet Mondrian pasaron oficialmente al dominio público en Estados Unidos, lo que significa que pueden ser copiadas, reproducidas, reinterpretadas y distribuidas libremente, sin necesidad de pedir permisos ni pagar regalías.
La liberación forma parte de una oleada mucho más amplia. El Centro para el Estudio del Dominio Público, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke, publicó la lista anual de obras cuyos derechos expiran este año: miles de libros, películas, grabaciones musicales, personajes animados y obras de arte creadas en 1930 (y grabaciones sonoras de 1925) quedaron disponibles para uso público.
Entre ellas aparecen personajes tan populares como Betty Boop, diseñada por Grim Natwick en 1930; Pluto, el inseparable compañero de Mickey Mouse; y los protagonistas de la tira cómica Blondie. En literatura figuran títulos como The Murder at the Vicarage, de Agatha Christie; Civilization and Its Discontents, de Sigmund Freud; y Ash Wednesday, de T. S. Eliot. En música, clásicos como I Got Rhythm o Dream a Little Dream of Me también quedaron libres.
Pero para el mundo del arte moderno, la noticia central es Mondrian.
Mondrian: el pintor que convirtió la abstracción en lenguaje universal
Piet Mondrian (1872–1944) fue un pintor neerlandés y uno de los fundadores del movimiento De Stijl y del neoplasticismo, una corriente que buscó reducir la pintura a sus elementos más esenciales: líneas rectas, colores primarios (rojo, azul, amarillo) y una estricta composición basada en el equilibrio.
Lejos de ser un simple ejercicio formal, Mondrian veía en esa reducción una búsqueda espiritual y casi ética: un intento por expresar un orden universal detrás del caos del mundo. Sus composiciones —aparentemente simples— se convirtieron en uno de los lenguajes visuales más influyentes del siglo XX, con impacto que va desde la arquitectura y el diseño gráfico hasta la moda y la cultura pop.
Obras como Composition with Red, Blue and Yellow no sólo definieron una estética, sino que enseñaron a generaciones enteras a “leer” la abstracción como una forma de pensamiento, no como una decoración.
Del museo al mundo
Que Mondrian entre al dominio público no significa que sus cuadros salgan de los museos, sino que su lenguaje se vuelve jurídicamente libre: podrá aparecer en libros escolares, aplicaciones, camisetas, animaciones, exposiciones digitales o reinterpretaciones contemporáneas sin barreras legales.
Junto con Mondrian, también entran al dominio público la acuarela Tier-freundschaft (Animal Friendship) de Paul Klee —figura central del expresionismo y de la Bauhaus— y el mural Prometeo de José Clemente Orozco, ubicado en la Universidad de Pomona, en California.
En un momento en que el acceso a la cultura sigue siendo profundamente desigual, la expansión del dominio público no es sólo un trámite legal: es una redistribución simbólica del patrimonio cultural.
La grilla negra, el rojo intenso y el azul puro de Mondrian ya no pertenecen a una herencia privada del siglo XX. A partir de ahora, son parte del archivo común del mundo. Y eso —en tiempos de cercamientos digitales y privatización de casi todo— es una noticia que va mucho más allá del arte.




















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