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Betty Boop, Mondrian y el día en que el arte se volvió público
En alguna parte —quizá en una versión futura, digital, remezclada y ya sin derechos reservados— Betty Boop entra a un museo y se encuentra con un Mondrian. Ella, hecha de curvas, pestañas y movimiento; él, de líneas rectas, colores primarios y silencio. Betty lo mira con curiosidad, ladea la cabeza, no entiende del todo… pero algo se acomoda. El mundo, por un segundo, deja de ser ruido y se vuelve ritmo. No porque el cuadro explique nada, sino porque ordena. Eso es, quizá, lo
hace 4 días3 Min. de lectura
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