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Más que carnaval: el chinelo como memoria viva

  • anitzeld
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Los chinelos nacieron como una burla y terminaron siendo un espejo. Un espejo donde Morelos se mira cada carnaval y se reconoce: irreverente, comunitario, festivo, profundamente vivo.


Sol de Morelos
Sol de Morelos

Dicen que surgieron en el siglo XIX, cuando los pueblos indígenas del estado —Tlayacapan, Yautepec, Tepoztlán— se disfrazaban para caricaturizar a los españoles: barbas exageradas, trajes elegantes llevados al exceso, máscaras que ocultaban el rostro para permitir la risa sin castigo. Lo que comenzó como parodia se volvió rito. El brinco constante, casi hipnótico, no es solo baile: es resistencia en movimiento, es la afirmación de que la fiesta también es una forma de memoria.


Por eso los chinelos no se entienden fuera de su gente. No desfilan solos: avanzan en comparsa, al ritmo de la banda, sudando bajo el terciopelo, sosteniendo una tradición que se hereda como se heredan las historias familiares. Cada carnaval es un reencuentro con el pueblo y con los que ya no están.


Tal vez por eso, cuando aparecieron en Madrid, no pasaron desapercibidos.


En enero de 2026, en plena Feria Internacional de Turismo, los chinelos cruzaron el Atlántico y tomaron calles y miradas de la capital española. No fue un espectáculo distante ni una postal exótica: fue un intercambio vivo. La gente se detenía, preguntaba, sacaba fotos, seguía el ritmo sin entender del todo, pero sintiendo algo. El color, la música y ese brinco inconfundible hicieron el trabajo que ningún folleto logra: despertar curiosidad por el origen, por la historia, por el territorio.


Morelos se presentó así, desde lo que es, no desde lo que promete. A través de una tradición que se construye en comunidad y que sobrevive porque se baila, porque se comparte, porque se renueva cada año. La presencia de los chinelos en Madrid formó parte de una estrategia cultural y turística más amplia del gobierno estatal, encabezado por Margarita González Saravia, que apuesta por mostrar al estado desde sus expresiones más auténticas, vinculando cultura y turismo comunitario.


En ese cruce inesperado —Morelos frente a Madrid— quedó claro algo sencillo y poderoso: la cultura también viaja, conecta territorios y genera memorias. Un chinelo brincando lejos de casa sigue siendo un chinelo, porque lleva consigo al pueblo entero.


Y así, entre risas, preguntas y música, Morelos recordó al mundo por qué se le conoce como La Primavera de México: no por el clima, sino por la manera en que florece su gente cuando sale a bailar.



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