Mi colmada alacena de libros
- 14 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: 15 jun
Después de leer La biblioteca de las lectoras valientes de Kate Thompson confirmé algo que ya intuía: los libros no solo cuentan historias, también construyen comunidad y sostienen la esperanza en tiempos difíciles. La novela, que retrata cómo una biblioteca logra reunir a una sociedad atravesada por la guerra en el East End de Londres en 1944, me hizo añorar las bibliotecas o, en mi caso, las librerías, esos lugares a los que iba en busca de mi próxima lectura.
"Un homenaje a las bibliotecas, las librerías... y a lo bien que nos hace sentir un buen libro haciéndote olvidar todo tu alrededor".
"Una declaración de amor a los libros, a las bibliotecas y a las historias que sostienen la esperanza en los momentos más oscuros del East End, Londres, 1944".
"La colmada alacena de libros"
Hoy mi colmada alacena de libros está formada por recomendaciones que voy pescando en redes sociales: bookstagrammers, grupos de Facebook, páginas como Literary Hub, cuentas de editoriales y premios literarios, clubes de lectura e incluso círculos secretos de préstamo.
Es increíble todo lo que tenemos al alcance en términos de libros y conocimiento. La cantidad de material disponible es abrumadora: una sola vida no alcanza para leer todo lo que quisiéramos. Podemos explorar una diversidad infinita de géneros, autores y estilos.
Como no podemos leer todo lo que existe, el tiempo se ha convertido en un recurso invaluable. La curaduría y las recomendaciones personalizadas son esenciales. Los algoritmos de plataformas como Goodreads o Amazon, junto con las sugerencias de amigos y críticos literarios, nos ayudan a encontrar libros que vale la pena leer. Gracias a ello he descubierto textos sabrosísimos que de otra forma jamás habría encontrado. Así se ha ido llenando mi colmada alacena de libros.
Pero no siempre fue así. Conseguir un libro en el siglo XVI implicaba casi una travesía trasatlántica o depender de lo que trajera algún mercader recién llegado de Europa. No existía en la Ciudad de México un establecimiento fijo donde buscarlos y, en ocasiones, los libros debían ocultarse entre mercancías para escapar a la censura del Santo Oficio.
La historia de las librerías en México es también una historia de adaptación y resistencia. Queda memoria de algunas, como la famosa alacena de libros de Antonio Torres, a la que Luis González Obregón y Artemio de Valle-Arizpe describieron como un espacio de encuentro donde convivían catecismos, gramáticas,
estampas de santos, periódicos y folletos de actualidad. Aquella "colmada alacena de libros" fue, para muchos, un auténtico centro de conversación y vida intelectual.
El siglo XX marcó el auge de las librerías y editoriales mexicanas. Espacios como Gandhi, El Sótano, el Fondo de Cultura Económica y Porrúa, así como las librerías de viejo de Coyoacán y la Roma, continúan reuniendo a buscadores de historias. A las bibliotecas, en cambio, no siempre les ha ido con la misma suerte.

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De libros, bibliotecas y librerías
Para esos buscadores de historias algunas recomendaciones:
J U A N A Z A H A R V E R G A R A
La biblioteca de los libros rechazados,
David Foenkinos
The Writing Retreat
Julia Bartz
Relatos para amantes de los libros, Varios autores, Alma Editorial
Yellowface
R.F. Kuang
Libres y libreras
Yolanda Morató
The Lonely Hearts Book Club
Lucy Gilmore
La libreria,
Penelope Fitzgerald
The Secret Book of Flora Lea
Patti Callahan Henry
El librero de París y la princesa rusa
Mary Ann Clark Bremer
Our Missing Hearts
Celeste Ng
Cosas raras que se oyen en las librerías,
Jen Campbell
Documental «Ex Libris: La Biblioteca Pública de Nueva York».
Películas
La sociedad literaria y el pastel de piel de patata. (2018)
La ladrona de libros. (2013)
La librería. (2017)
La carta final. (1986)
Fahrenheit 451. (1966)
El editor de libros. (2016)
Recomendaciones
By Any Other Name Jodi Picoult El lado oscuro del amor Rafik Schami
Anitzel Díaz


















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