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Los 8M que cambiaron México (y el mundo)

  • hace 33 minutos
  • 3 Min. de lectura

8M: el paso firme de un grito mudo


Cada 8 de marzo parece repetirse: las calles teñidas de morado, los pañuelos verdes, los nombres de mujeres que ya no están. Pero en realidad cada 8M se suma a una historia mucho más larga. Una historia hecha de huelgas obreras, revoluciones, gritos de justicia y marchas que han cambiado la conversación pública sobre las mujeres.


El 8M no nació como una celebración. Nació como una protesta.



1917: cuando las mujeres hicieron temblar un imperio


El 8 de marzo de 1917, en Petrogrado, miles de obreras textiles salieron a la calle exigiendo pan y el fin de la guerra. Era el Día Internacional de la Mujer, una fecha todavía poco conocida, pero ellas la convirtieron en algo más.


Su protesta detonó una cadena de acontecimientos que terminaría con la caída del zar durante la Revolución de Febrero.

Fue uno de los momentos en que la protesta de mujeres cambió el curso de la historia política de un país.


Desde entonces, el 8 de marzo quedó ligado a la idea de que cuando las mujeres se movilizan, el mundo se mueve con ellas.


1975: México se vuelve capital del feminismo


En 1975 ocurrió algo inesperado: México se convirtió en el centro del debate feminista mundial.


Ese año, la United Nations celebró en la Ciudad de México la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, dentro del llamado Año Internacional de la Mujer.


El feminismo mexicano todavía era pequeño, pero esa reunión internacional conectó a activistas, académicas y organizaciones. A partir de entonces, el 8 de marzo dejó de ser una fecha marginal y empezó a ocupar espacio en la agenda pública.


Fue un momento fundacional: México entró definitivamente en la historia global del feminismo.


Los años noventa: el grito de Ciudad Juárez


En los años noventa, otro 8M comenzó a tomar forma en el norte del país.


En Ciudad Juárez, madres, hermanas y activistas empezaron a marchar para denunciar las desapariciones y asesinatos de mujeres jóvenes. Las cruces rosas plantadas en el desierto se volvieron un símbolo imposible de ignorar.


Esas marchas del 8M ayudaron a que el país empezara a hablar de algo que antes parecía invisible: el Feminicidio.


El término tardaría años en entrar al marco legal, pero la indignación ya estaba sembrada.


2017: la huelga feminista global


Casi un siglo después de Petrogrado, el feminismo volvió a demostrar su fuerza en las calles.


En 2017, mujeres de más de cincuenta países participaron en el primer paro internacional feminista, conocido como International Women’s Strike.


La idea era sencilla y poderosa: si las mujeres paran, el mundo se detiene.


Ese año marcó el inicio de una nueva ola de movilización feminista global que conectó luchas muy distintas: violencia de género, desigualdad laboral, derechos reproductivos y justicia social.


2020: el día en que México se pintó de morado


El 8 de marzo de 2020 quedó grabado en la memoria colectiva de México.


Más de 200 mil mujeres marcharon en la Ciudad de México, mientras miles más lo hacían en otras ciudades del país. Las avenidas se llenaron de pañuelos morados y verdes, de consignas contra los feminicidios, de nombres escritos en carteles.


Era una marcha, pero también una catarsis colectiva.


Al día siguiente ocurrió algo inédito: el paro nacional Un Día Sin Nosotras, cuando millones de mujeres dejaron de trabajar, estudiar y consumir para mostrar qué pasaría si ellas desaparecieran del espacio público.


Por un momento, México sintió ese silencio.


El 8M como memoria viva


El 8 de marzo ya no pertenece a un solo país ni a una sola generación. Es una fecha en constante construcción.


Cada año suma nuevas historias: marchas estudiantiles, protestas contra la violencia, debates sobre derechos y libertad.


Lo que empezó como la protesta de unas obreras en una ciudad fría del imperio ruso terminó convirtiéndose en uno de los movimientos sociales más grandes del planeta.


Porque cada 8M repite la misma idea, sencilla y poderosa:


que la historia de las mujeres no se escribe en silencio, sino en la calle.



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El macho de la TeleNovela debería ser un artefacto caduco como el viejo rancio que se sigue aferrando a los “piropos”. Pero no. Absolutamente no.





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