Historias del fut: El mexicano que atrapó la mano de Dios
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Hay fotografías que congelan un instante. Y hay otras que terminan cambiando la historia.
La tarde del 22 de junio de 1986, más de 114 mil personas llenaban el Estadio Azteca. Argentina e Inglaterra jugaban un partido que arrastraba mucho más que fútbol: apenas cuatro años antes ambos países habían estado enfrentados en la guerra de las Malvinas. En la cancha estaba Diego Armando Maradona, dispuesto a escribir una de las páginas más recordadas de los mundiales.
Y detrás de una cámara estaba un mexicano llamado Alejandro Ojeda Carbajal.
No era una celebridad. Tampoco uno de esos fotógrafos que buscan reflectores. De hecho, quienes lo conocieron cuentan que su verdadera pasión eran los perros. Tenía un negocio de estética canina y pasaba los días entre baños, cepillos y mascotas nerviosas. Pero un día descubrió otra forma de mirar el mundo: la fotografía.
Así llegó a El Heraldo de México. Eligió la sección deportiva porque le gustaba el deporte y porque, según contaba su familia, no quería fotografiar tragedias ni muertos. Prefería las historias que se gritaban desde una tribuna.
Para 1986 ya tenía experiencia de sobra. Había cubierto mundiales, Juegos Olímpicos y cientos de partidos. Sabía que en el fútbol muchas veces todo depende de elegir bien dónde colocarse.
Aquella tarde eligió seguir el ataque argentino.
El partido iba empatado cuando ocurrió la jugada que todavía divide opiniones cuarenta años después. Maradona saltó junto al portero inglés Peter Shilton. Todo sucedió en una fracción de segundo. La mayoría vio un cabezazo. El árbitro validó el gol. Los argentinos lo celebraron. Los ingleses protestaron.
Y Alejandro Ojeda apretó el disparador de su Nikon.
Dos veces.
Nada más.
Cuando terminó el encuentro salió abrazando su cámara. Como quien protege un tesoro. Como quien sabe que lleva algo importante entre las manos.
Su hijo, Juan Carlos, recuerda que no quería que nadie tocara el equipo. Llegó a la redacción convencido de que había conseguido la fotografía que buscaba.
Y tenía razón.
Mientras millones discutían si había sido cabeza o mano, el negativo reveló la verdad: la pelota estaba siendo golpeada por el puño izquierdo de Maradona.
Era la única imagen que mostraba con claridad lo ocurrido.
La famosa "Mano de Dios" dejó de ser una sospecha para convertirse en una evidencia impresa a todo color en la portada de un periódico mexicano.
Gracias a esa fotografía, Alejandro Ojeda recibió el Premio Nacional de Periodismo de manos del presidente Miguel de la Madrid. Pero nunca pareció darle demasiada importancia a la fama. Cuando le ofrecieron dinero por los derechos de la imagen, rechazó venderlos. Decía que la fotografía pertenecía al periódico.
Quizá porque entendía algo que los fotógrafos aprenden con los años: las imágenes nunca son completamente de quien aprieta el obturador. También pertenecen al momento.
Después siguió con sus dos vidas. La de fotógrafo y la de peluquero de perros. Una combinación improbable que parece salida de una novela.
Murió en 1999.
Pero la historia no terminó ahí.
Con los años, la fotografía comenzó a circular en archivos internacionales con otro crédito. En portales, periódicos y agencias apareció asociada al nombre de un fotógrafo británico. La familia de Ojeda se enteró décadas después.
Hoy su hijo ya no busca dinero ni compensaciones. Busca algo mucho más sencillo: que el nombre de su padre aparezca donde debe aparecer.
Que las fotografías exhibidas en estadios y museos cuenten quién estaba detrás de la cámara.
Porque todos recuerdan a Maradona levantando el brazo en el Azteca. Todos recuerdan la "Mano de Dios".
Lo que pocos saben es que hubo un mexicano que la vio antes que nadie.
Y tuvo la rapidez, el ojo y la paciencia para dejarla atrapada para siempre en una fotografía.
...
Alejandro Ojeda Carbajal desarrolló una trayectoria laboral poco común: durante años combinó su negocio de baño y estética para mascotas con su trabajo como fotógrafo de El Heraldo de México. Fue en ese periódico donde construyó una destacada carrera como fotoperiodista deportivo, cubriendo eventos de talla mundial como los mundiales de fútbol de México 1970, Alemania 1974, Argentina 1978 y México 1986, además de Juegos Olímpicos y otras competencias internacionales. Su nombre quedó ligado para siempre a la historia del fútbol al captar la única fotografía que mostró con claridad la "Mano de Dios" de Diego Armando Maradona, imagen que le valió el Premio Nacional de Periodismo de México en 1986. Su vida profesional demuestra que no siempre las grandes historias nacen en las redacciones o las universidades; a veces comienzan en un pequeño negocio de barrio y terminan dejando una huella en la historia del deporte mundial.






