top of page

Dicen que el son nació para contar lo que no se dice de frente.

  • anitzeld
  • 21 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

En una esquina de Santiago de Cuba, cuando el calor todavía se pegaba a las paredes y la noche olía a ron barato y a mango maduro, Tomás afinaba el tres como quien acomoda los recuerdos. Cada cuerda tenía un nombre, pero uno solo le dolía de verdad: Lucía.


Se habían querido a ritmo lento, como se quieren las cosas que parecen eternas. Bailaban son en los patios, descalzos, mientras el bongó marcaba el pulso y alguien cantaba eso de “amor que se va, vuelve cantando”. Pero Lucía se fue primero. Dijo que La Habana, que el trabajo, que la vida. Y Tomás se quedó con el eco.


Años después, en una fiesta de barrio, cuando el son empezó a rodar como siempre —claves tercas, maracas insistentes— Tomás tocó sin mirar. El coro entró solo, la gente respondió, y entonces la vio. No más joven, no más triste. Igual de cierta.

Lucía no dijo nada. Se acercó y bailó. No se baila el son para explicarse, se baila para entender. Él siguió tocando, ella siguió girando, y entre un verso y otro se les acomodó el pasado. No volvieron a prometerse nada. El son no promete: recuerda.


Cuando terminó la canción, Lucía sonrió como quien encuentra algo que no sabía perdido. Tomás bajó el tres. El amor no regresó como antes, pero tampoco se fue del todo. Se quedó ahí, en clave, marcando el tiempo.


Porque el son cubano es eso:

un amor que se va,

un amor que regresa distinto,

y una música que siempre sabe

cómo volver a casa.


---


pintura de_George Rodez
pintura de_George Rodez

El son cubano es uno de los géneros musicales más importantes de Cuba y la base de buena parte de la música popular latinoamericana. Surgió a finales del siglo XIX en el oriente de la isla, especialmente en Santiago de Cuba y Guantánamo, como resultado del mestizaje entre tradiciones africanas —ritmos, percusión y canto responsorial— y elementos españoles como la guitarra, la poesía popular y las melodías europeas.


En sus primeras formas, el son se interpretaba en fiestas rurales y espacios comunitarios.

Con el tiempo incorporó instrumentos que hoy son emblemáticos: tres cubano, bongó, maracas, claves, contrabajo y trompeta. A inicios del siglo XX, el son llegó a La Habana, donde se urbanizó, se profesionalizó y comenzó su expansión internacional.


Durante las décadas de 1920 y 1930 vivió su época dorada con agrupaciones como el Septeto Nacional y el Trío Matamoros, influyendo directamente en géneros como el mambo, el chachachá, la salsa y el jazz latino. Más que un estilo musical, el son es una forma de narrar la vida cotidiana, el amor, el trabajo y la identidad cubana.


Por su profundo valor histórico, social y artístico, el son cubano ha sido reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, destacando su papel como expresión viva de la memoria, la diversidad cultural y la creatividad del pueblo cubano, así como su influencia duradera en la música del mundo.



Comentarios


Historias del día

¡Gracias por suscribirte!

  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter

© 2025 

Las noticias directo en tu email. Suscríbete nuestro boletín semanal.

bottom of page