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¿Quién es realmente el “bloque negro”? Lo que se dice, lo que se sabe y lo que es verdad

  • anitzeld
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura

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Entre la desinformación y la criminalización de la protesta


En los últimos días, a raíz de la marcha del 15 de noviembre, el término “bloque negro” volvió a dominar debates en redes, medios y, sobre todo, en el discurso político. Dirigentes del PRI, PAN y Morena han convertido una práctica de protesta en un supuesto grupo organizado, abriendo la puerta a nuevas formas de criminalización. Pero ¿qué es realmente el bloque negro y por qué se le acusa?


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No es una organización: es una táctica


Contra lo que sostienen voces partidistas, el llamado bloque negro no es una agrupación con líderes, financiamiento o estructura. Se trata de una práctica de protesta que surgió en movimientos autónomos y anarquistas desde finales del siglo XX: personas vestidas de negro, con el rostro cubierto, que realizan acciones directas como romper vallas, intervenir monumentos o enfrentar líneas policiales.

Su configuración es variable. En México han participado estudiantes, colectivos autónomos, mujeres que buscan evitar ser fotografiadas, personas que prefieren proteger su identidad y activistas anarquistas. La mayoría se organiza de forma espontánea en la marcha y se distingue del resto para no poner en riesgo a otros manifestantes.


Tampoco cualquier encapuchado es “bloque negro”

Expertos y activistas coinciden: no toda persona vestida de negro o cubierta del rostro pertenece a un bloque negro. Además, cuando hay grupos de choque infiltrados, por definición dejan de ser parte de esta táctica, pues no responden a sus principios de autonomía y autodefensa colectiva.


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De qué se les acusa


En México, el bloque negro suele ser señalado por “vandalismo”, “provocación” o “violencia” durante protestas. Pero esas acusaciones cambian según el momento: los gobiernos lo utilizan para desacreditar movilizaciones; la oposición, para responsabilizar al gobierno de supuestos montajes. El fenómeno no es nuevo, pero sí se ha intensificado.


Las versiones que reactivaron el debate


Esta semana, la senadora priista Claudia Anaya aseguró que, de acuerdo con documentos filtrados en los “Guacamaya Leaks”, el bloque negro tendría vínculos políticos con el actual director del ISSSTE, Martí Batres, y supuestos canales de financiamiento ligados a grupos universitarios. No presentó evidencia verificable.

Por su parte, el panista Ricardo Anaya afirmó que el bloque fue infiltrado y promovido por el propio Gobierno de la Ciudad de México para desprestigiar protestas campesinas y de transportistas. Morena negó ambas acusaciones y las calificó como “narrativas desesperadas”.


El riesgo: fabricar un enemigo


Organizaciones civiles advierten que la insistencia en investigar, desmantelar o atribuir financiamiento al “bloque negro” recuerda a estrategias como la que Donald Trump impulsó contra Antifa, un movimiento descentralizado al que intentó catalogar como organización terrorista. En Estados Unidos, esa narrativa ha derivado en detenciones de activistas vinculados a causas humanitarias, como miembros de Food Not Bombs.


En México, esta lógica podría criminalizar el derecho a la protesta, convertir en sospechoso a cualquiera que marche encapuchado o portar símbolos anarquistas, y justificar operativos contra movimientos sociales bajo la idea de combatir a una supuesta organización jerárquica que, en realidad, no existe.


Un debate necesario, pero no manipulado


Lo ocurrido el 15 de noviembre requiere investigación: hay testimonios de que en la marcha coexistieron manifestantes civiles y grupos de choque. Pero especialistas coinciden en que el debate no debe desviarse hacia falsos enemigos ni utilizarse para legitimar mayores niveles de represión.


El bloque negro —esa figura volátil, intermitente y muchas veces incomprendida— es una táctica, no un grupo. Convertirlo en una organización criminal no solo es impreciso: también sienta las bases para profundizar la criminalización del disenso en México.


Bloque Negro: lo que sí sabemos (y lo que no)

📌 2019–2020: Surge la etiqueta en marchas feministas; describe estética, no una organización.


📌 2022: Guacamaya Leaks confirma que Sedena identifica 18 grupos anarquistas; “Bloque Negro” aparece como nombre interno sin estructura.


📌 2023–2024: Medios le atribuyen actos en marchas, pero no hay detenciones que acrediten pertenencia.


📌 2024: El 25N ocurre sin violencia atribuible al grupo.


📌 2025: Oposición pide investigarlo; no hay resultados públicos.


📌 Nov 2025: Disturbios frente a Palacio; se menciona al Bloque Negro pero no hay pruebas.


📌 25N 2025: El grupo no aparece.


Conclusión: Entre filtraciones, especulaciones y usos políticos, el Bloque Negro sigue siendo más una etiqueta útil que una organización demostrable.

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