El día que el mar se llevó mi Primero de Mayo
- hace 4 horas
- 2 Min. de lectura
... en un contexto de crisis económica recurrente, el desfile funciona como mensaje político: mostrar cohesión social pese a las dificultades.
Salió de la isla un Primero de Mayo, hace cuarenta años, desde una playa color turquesa que no volvió a nombrar sin que le doliera. Recuerda el rumor del agua y, a lo lejos, el eco de consignas que ya no le pertenecían. Mientras en Cuba miles marchaban como cada año por el Día Internacional de los Trabajadores, él se subía a una embarcación improvisada con la certeza de que ese día, que para muchos significaba pertenencia, para él marcaba una ruptura definitiva.
Cuatro décadas después, desde el exilio, sigue mirando esa fecha con una mezcla de distancia y memoria. Porque en la isla, el Primero de Mayo no es solo una conmemoración laboral: es una coreografía política que se repite desde la Revolución Cubana, cuando el nuevo poder convirtió la movilización obrera en símbolo de unidad nacional. Cada año, la imagen se replica en la Plaza de la Revolución: columnas de trabajadores, banderas en alto, discursos que insisten en la resistencia y la continuidad.
Para quienes se quedaron, el desfile puede ser tradición, compromiso o rutina. Para quienes se fueron, como él, es también un recordatorio de lo que dejaron atrás: no solo un país, sino una narrativa colectiva en la que alguna vez estuvieron inscritos. Desde fuera, observa cómo el gobierno mantiene el ritual como una vitrina de cohesión social, incluso en medio de crisis económicas persistentes y migraciones masivas.
En un contexto de crisis económica recurrente, el desfile funciona como mensaje político: mostrar cohesión social pese a las dificultades. Por eso, más que una conmemoración, el Primero de Mayo en Cuba es una escenificación del proyecto revolucionario en sí mismo—una mezcla de tradición, propaganda y afirmación ideológica.El Primero de Mayo en Cuba, visto desde ambas orillas, revela esa doble condición: celebración y afirmación política, pero también frontera emocional. En la isla, el día reafirma un proyecto; en el exilio, lo cuestiona. Y entre ambos, queda la memoria de quienes, como aquel hombre que partió desde el mar turquesa, cargan con una fecha que nunca volvió a ser solo un día del calendario.
---
Cada Primero de Mayo sigo escuchando las consignas, sintiendo el sol pegado a la piel y el sudor que baja lento por la espalda. A veces vuelven también las voces, miles, apretadas, convencidas de algo que entonces parecía inquebrantable.


















Comentarios