¿Por qué seguimos apostando por los combustibles fósiles en plena crisis climática?
- anitzeld
- 22 jul
- 4 Min. de lectura
Desinformación climática: cómo las grandes industrias frenan la acción contra el cambio climático
Empresas fósiles, populismo y desinformación: una alianza para sembrar dudas sobre la ciencia climática
Un informe internacional revela cómo industrias contaminantes y sectores políticos coordinan campañas de desinformación para desacreditar las soluciones al cambio climático. México, como otros países del Sur Global, es especialmente vulnerable ante la falta de estudios locales y una débil regulación digital.
Un enemigo silencioso: la desinformación climática
La industria de los combustibles fósiles ha evolucionado su estrategia: del negacionismo abierto al escepticismo organizado, que siembra dudas sobre la viabilidad de las soluciones verdes como la energía solar o eólica. Así lo advierte el Panel Internacional sobre el Entorno Informativo (IPIE) tras analizar 300 estudios científicos en la última década.
Según Klaus Bruhn Jensen, profesor de la Universidad de Copenhague y codirector del informe, este tipo de mensajes busca confundir a la ciudadanía y, sobre todo, frenar las políticas de transición energética. La narrativa dominante ya no niega el cambio climático, sino que desacredita las soluciones, generando confusión desde las redes sociales hasta los parlamentos.
Casos recientes: del apagón en España al “greenwashing” empresarial
Uno de los ejemplos más recientes ocurrió tras el apagón masivo en España y Portugal el 28 de abril de 2025. En redes, voces críticas culparon erróneamente a las energías renovables. Sin embargo, el gobierno español aclaró en junio que la causa real fue un problema técnico en la red eléctrica.
El informe también acusa a las grandes industrias de incurrir en un doble engaño climático: mientras ocultan o distorsionan su responsabilidad ambiental, simultáneamente realizan campañas de “lavado verde” para presentarse como sostenibles.
Empresas eléctricas, aerolíneas, el sector ganadero y marcas de comida rápida aparecen como actores clave en la diseminación de mensajes engañosos. En 725 informes de sostenibilidad analizados, se encontraron grandes contradicciones entre el discurso ambiental corporativo y sus verdaderas prácticas.
Bots, populismo y nacionalismo fósil
La desinformación no solo opera en el ámbito ciudadano. También apunta a tomadores de decisiones en gobiernos y organismos reguladores, utilizando canales discretos y think tanks para influir en la política climática desde dentro.
En Estados Unidos, grupos como el Heartland Institute y la Heritage Foundation son señalados por articular un discurso que desacredita la ciencia climática. El llamado “Proyecto 2025” incluso propone recortar el presupuesto federal para la acción climática.
Rusia y partidos de ultraderecha en Europa —como Vox, AfD o RN— han promovido un discurso de eco-nacionalismo, presentando el uso de combustibles fósiles como parte de la identidad nacional.

El caso de México: desinformación sin regulación y pocas investigaciones
A pesar del consenso científico sobre la urgencia de abandonar los combustibles fósiles, México continúa apostando por ellos. El caso más evidente es la refinería de Dos Bocas, inaugurada en 2022 en Tabasco, que representa una inversión pública multimillonaria destinada a refinar más petróleo en lugar de reducir su uso. Esta decisión va en sentido contrario a las metas globales de descarbonización y ha sido criticada por ambientalistas y organismos internacionales. Además, Petróleos Mexicanos (Pemex) mantiene uno de los mayores índices de emisiones de gases de efecto invernadero entre las petroleras estatales del mundo. Mientras países discuten cómo cerrar sus refinerías, México sigue construyéndolas, reforzando una dependencia que a largo plazo amenaza tanto al medio ambiente como a la estabilidad económica.En México, los efectos de la desinformación climática también se hacen visibles, aunque faltan estudios locales para dimensionar su impacto real. Organizaciones ambientalistas como Greenpeace han advertido sobre las campañas de “lavado verde” en medios y redes sociales por parte de industrias cementeras, petroleras y de construcción.
El país carece de mecanismos claros para regular la desinformación ambiental en redes sociales. La Ley General de Cambio Climático no contempla medidas específicas contra el discurso climático engañoso. Además, la alfabetización climática en escuelas y medios es limitada, lo que deja espacio para la confusión y la polarización.Según expertos, esta brecha informativa también frena la presión social por políticas más ambiciosas. A diferencia de la Unión Europea —que ya cuenta con la Ley de Servicios Digitales para regular estos contenidos—, en México la fiscalización climática digital sigue ausente.
Estados Unidos: polarización política y negacionismo institucionalizado
En Estados Unidos, el cambio climático se ha convertido en un tema profundamente polarizado. El expresidente Donald Trump, quien ha calificado la ciencia climática como un “gran fraude”, retiró por segunda vez al país del Acuerdo de París, y sus discursos siguen teniendo un impacto considerable en redes sociales, amplificados por bots y cuentas automatizadas. El informe del IPIE señala que think tanks conservadores como el Heartland Institute y la Heritage Foundation han sido clave en diseminar teorías negacionistas y propuestas para reducir el financiamiento a la acción climática. El llamado “Proyecto 2025” de la Heritage Foundation incluso propone desmantelar políticas verdes actuales bajo el argumento de combatir un supuesto “fanatismo climático”. Estas narrativas refuerzan el estancamiento legislativo y debilitan el liderazgo global de Estados Unidos en materia ambiental.
¿Qué propone la comunidad internacional?
Organismos como la ONU, la UNESCO y el IPCC advierten que la desinformación climática socava los esfuerzos globales para combatir la crisis ambiental. La Iniciativa Global para la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático, impulsada por Brasil y la ONU, buscará avanzar en estos temas en la próxima COP30 en Belém.
Entre las propuestas destacadas del informe del IPIE están:
Tipificar la desinformación climática y el “greenwashing” como delitos ambientales.
Obligar a empresas y gobiernos a informar públicamente su huella de carbono.
Regular los contenidos engañosos en plataformas digitales.
Impulsar una educación climática robusta desde edades tempranas.
Financiar investigaciones en países del Sur Global, donde la desinformación es aún menos visible, pero igual de peligrosa.
La desinformación climática es una estrategia deliberada que obstaculiza el avance de soluciones reales ante la emergencia ambiental. Desde Washington hasta la CDMX, sus efectos pueden frenar reformas clave. Urge una respuesta coordinada que combine regulación digital, educación y transparencia empresarial.




















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