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México, Trump y Cuba: la deuda petrolera y la crisis energética que amenaza a la isla

  • anitzeld
  • hace 27 minutos
  • 3 Min. de lectura

Cuba debe a México 27 mil 500 millones de pesos por la venta de petróleo y combustibles enviados principalmente durante 2025. La cifra —equivalente a unos 1,500 millones de dólares— no es menor: revela hasta qué punto la isla depende del petróleo extranjero para sostener su economía, pero también la opacidad con la que se manejan estos acuerdos energéticos mientras la población enfrenta apagones prolongados y escasez generalizada.



Los envíos de crudo y diésel de Pemex a Cuba, presentados por el gobierno mexicano como apoyo humanitario o cooperación solidaria, no han sido cubiertos en su mayoría. Analistas del sector energético advierten que esta deuda refleja no solo una relación política privilegiada, sino la incapacidad estructural del Estado cubano para pagar la energía que necesita para sobrevivir.


Una economía que no puede funcionar sin petróleo importado


Cuba produce petróleo, pero no el suficiente ni del tipo adecuado. Su producción interna —crudo pesado y de bajo rendimiento— ronda entre 30 mil y 40 mil barriles diarios, lo que cubre apenas una tercera parte de la demanda nacional. Para mantener operando plantas eléctricas, transporte, industria básica y servicios esenciales, el país necesita entre 110 mil y 125 mil barriles diarios.


El déficit es claro: al menos 80 mil barriles diarios deben llegar del exterior. Sin ellos, la economía cubana se paraliza.


Venezuela y México: aliados energéticos en retirada


Durante más de dos décadas, Venezuela fue el sostén petrolero de Cuba, enviando hasta 100 mil barriles diarios en su mejor momento, bajo acuerdos preferenciales heredados del chavismo. Ese flujo se redujo drásticamente con el colapso de la producción venezolana y las sanciones internacionales. Para 2025, los envíos habían caído a menos de 35 mil barriles diarios, insuficientes para cubrir la demanda cubana.


En ese vacío entró México. Pemex comenzó a enviar crudo y derivados a la isla, convirtiéndose en uno de sus principales proveedores externos. Sin embargo, los volúmenes nunca alcanzaron los niveles necesarios y, además, los pagos no llegaron. En enero de 2026, México suspendió temporalmente los envíos, agravando aún más la crisis energética cubana.


Petróleo que no llega a los hogares


A la escasez se suma un dato explosivo: La Habana habría revendido hasta el 60 % del petróleo recibido de Venezuela a mercados asiáticos para obtener divisas. Esa práctica, documentada por analistas y reportes internacionales, ayuda a explicar por qué el combustible no alcanza dentro de la isla, pese a los acuerdos con países aliados.

Mientras el gobierno cubano argumenta que los apagones son consecuencia del embargo estadounidense, la reventa de crudo debilita ese discurso y refuerza las críticas sobre la gestión de los recursos energéticos.


Apagones, transporte colapsado y economía paralizada


La falta de petróleo se traduce en apagones de hasta 10 o 12 horas diarias, transporte público reducido al mínimo, industrias detenidas y graves problemas para distribuir alimentos y medicinas. El turismo, una de las pocas fuentes de divisas, también resiente la crisis: hoteles operan con plantas de emergencia y servicios limitados.


El impacto es social y político. La escasez energética alimenta el descontento, profundiza la pobreza y acelera la migración.


¿Cuánto petróleo necesita Cuba para sobrevivir?


  • Producción nacional: 30,000–40,000 barriles diarios

  • Necesidad mínima diaria: 110,000–125,000 barriles

  • Dependencia externa: más del 65 % del consumo total

Sin un flujo constante de petróleo importado, Cuba no puede sostener su economía ni garantizar servicios básicos.


México, entre la solidaridad política y la presión de Trump


La crisis energética cubana ha colocado ahora a México en una posición incómoda y de alto riesgo diplomático. Mientras La Habana depende del petróleo extranjero para evitar el colapso, Washington ha decidido elevar el costo político de cualquier país que intente sostener al régimen cubano por la vía energética.


Este jueves, Donald Trump firmó una Orden Ejecutiva mediante la cual declara emergencia nacional y activa un mecanismo para imponer aranceles y sanciones a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba. La Casa Blanca justificó la medida como una acción para proteger la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, al considerar que el flujo energético fortalece a un régimen que, según su narrativa, actúa contra los intereses estadounidenses.


Para México, el dilema es evidente: continuar enviando petróleo a Cuba implica no solo asumir una deuda impaga de 27 mil 500 millones de pesos, sino también exponerse a represalias comerciales en un momento de alta dependencia económica del mercado estadounidense. Detener los envíos, en cambio, significaría abandonar a uno de sus aliados históricos en su peor crisis energética, con consecuencias humanitarias y políticas difíciles de ignorar.

La decisión ya no es únicamente ideológica ni solidaria. Es estratégica. México debe elegir entre sostener a Cuba a costa de tensar su relación con Estados Unidos o replegarse para proteger su economía, aun cuando eso acelere el colapso energético de la isla.

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