¿Un partido aliado está a punto de dar una sorpresa?
En Morena hay un problema que todavía no llega a ruptura, pero ya dejó de ser un simple berrinche de aliados: el Partido del Trabajo (PT) está poniendo distancia y podría convertirse en la sorpresa electoral rumbo a 2027.
El detonador son las candidaturas a las 17 gubernaturas que estarán en juego el próximo año. El PT decidió poner en pausa su participación en el proceso de selección de coordinadores estatales de Morena, molesto por lo que sus dirigentes consideran un trato desigual y por la falta de transparencia en las encuestas que han servido para definir a los candidatos.
El reclamo no es menor. Reginaldo Sandoval, coordinador de los diputados petistas, ha advertido que el partido podría replantear su relación con Morena y que incluso está dispuesto a abrir sus puertas a morenistas inconformes con las designaciones. Entre los estados donde ya se observan tensiones están Zacatecas y Guerrero, mientras que también aparecen en el radar Chihuahua y San Luis Potosí.
La respuesta de Morena ha sido intentar bajar la temperatura. Ariadna Montiel sostuvo que en las encuestas sí fueron incluidas las propuestas del PT y del Partido Verde y que los resultados son válidos. Desde el PVEM, Manuel Velasco pidió transparencia y diálogo, pero reconoció algo políticamente significativo: los votos del PT pueden ser decisivos en varios estados y una elección no se gana desde la soberbia.
Ahí está la verdadera sorpresa.
El PT no necesita anunciar mañana una ruptura nacional para complicarle el tablero a Morena. Le bastaría con competir por separado en algunas entidades, recoger a los aspirantes morenistas desplazados y llevarse consigo una parte del voto de la llamada Cuarta Transformación. Eso podría modificar las cuentas de las coaliciones locales y obligar a Morena a negociar donde hasta ahora parecía tener el control.
Por eso las señales son contradictorias. Mientras el PT reclama y amenaza con tomar su propio camino, Morena insiste en que la alianza continúa. Este martes, Manuel Velasco fue explícito: “todavía no hay una ruptura”.
Pero tampoco hay tranquilidad.
El episodio revela una tensión más profunda: el reparto del poder dentro de la coalición que gobierna México. Morena quiere controlar la definición de sus candidaturas; el PT reclama el peso que considera haber ganado después de años de acompañar al proyecto de Andrés Manuel López Obrador; y el Verde juega su propio partido, particularmente en estados donde tiene estructuras políticas fuertes.
Así que la frase “un partido aliado está a punto de dar una sorpresa” tiene, por ahora, una explicación bastante concreta: el PT podría dejar de ser un acompañante disciplinado de Morena y comenzar a jugar con sus propias cartas rumbo a 2027.
No hay todavía una ruptura formal. Hay algo quizá más incómodo para Morena: la posibilidad de que su aliado deje de necesitarlo tanto como hasta ahora.


















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