México e Irán: una historia compartida por el petróleo, pero ¿Quién ha aprobechado mejor su riqueza?
La historia de Mohammad Mossadegh tiene algo de épica, pero también de advertencia. En 1938, Lázaro Cárdenas demostró que un país podía enfrentarse a las grandes compañías petroleras para recuperar el control de sus recursos. Trece años después, un primer ministro iraní quiso hacer lo mismo. Se inspiró en México, nacionalizó el petróleo y terminó derrocado por un golpe de Estado organizado por Estados Unidos y Gran Bretaña.
La pregunta que deja esta historia es inevitable: ¿qué pasó con el petróleo que Irán quiso recuperar y qué ha pasado con el petróleo que México convirtió en símbolo de soberanía nacional?
El petróleo que México inspiró a nacionalizar Irán: la historia de un presidente derrocado y dos países frente a su riqueza
Hay historias que nos recuerdan que México ha tenido una influencia en el mundo mucho mayor de la que solemos reconocer. Una de ellas ocurrió en Irán, en 1951, cuando un primer ministro decidió enfrentarse a las grandes compañías petroleras y recuperar para su país la riqueza que durante décadas había sido explotada por intereses extranjeros.
Su nombre era Mohammad Mossadegh y tenía un referente muy claro: México y la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas.
Para entender esta historia hay que regresar al 18 de marzo de 1938. Ese día, el presidente Lázaro Cárdenas anunció la expropiación de la industria petrolera mexicana. Las compañías británicas y estadounidenses se negaban a cumplir las disposiciones laborales y las resoluciones de las autoridades mexicanas. Cárdenas decidió que los recursos del subsuelo debían estar al servicio de la nación.
La decisión provocó presiones diplomáticas, boicots comerciales y amenazas de las empresas afectadas. Pero México resistió. De aquel proceso nació Petróleos Mexicanos, PEMEX, una empresa que se convertiría en uno de los símbolos más poderosos de la soberanía nacional.
Lo que quizá pocos saben es que aquella decisión cruzó fronteras y llegó hasta Oriente Medio.
Irán quería recuperar lo que era suyo.
Durante décadas, la Anglo-Iranian Oil Company, de capital británico, controlaba buena parte de la explotación y comercialización del petróleo iraní. El país tenía enormes reservas, pero los beneficios no se repartían de manera justa. La riqueza salía de sus territorios mientras su población reclamaba una participación mucho mayor en ella.
Mossadegh conocía bien el problema. Había encabezado la comisión petrolera del Parlamento y estaba convencido de que Irán no podía seguir siendo dueño del petróleo únicamente sobre el papel.
El 20 de marzo de 1951 se aprobó la nacionalización de la industria petrolera iraní. Cinco días después, el Senado ratificó la decisión. El gobierno creó la Compañía Nacional Iraní de Petróleo (NIOC) para administrar la industria.
La inspiración mexicana no era una casualidad: el ejemplo de Cárdenas demostraba que un gobierno podía desafiar a las compañías extranjeras y reclamar el control de sus recursos naturales.
Pero las consecuencias serían muy distintas.
El petróleo que terminó en un golpe de Estado.
Gran Bretaña respondió con un bloqueo comercial y una ofensiva diplomática. Las exportaciones iraníes prácticamente se paralizaron. Mossadegh llevó el conflicto a instancias internacionales y consiguió defender la nacionalización ante la Corte Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
La presión económica, sin embargo, fue asfixiante. Las tensiones con el sha Mohammad Reza Pahlaví aumentaron y, en agosto de 1953, una operación organizada por los servicios de inteligencia británicos (MI6) y estadounidenses (CIA), conocida como Operación Ajax, terminó con el derrocamiento del primer ministro.
Mossadegh fue detenido, juzgado y condenado. Pasó sus últimos años bajo arresto domiciliario y murió en 1967.
El petróleo iraní volvió a manos de un consorcio internacional. En 1954, las compañías británicas y estadounidenses obtuvieron participaciones importantes en la explotación y comercialización del crudo. Irán conservó formalmente la propiedad de sus reservas, pero perdió el control efectivo de buena parte de su industria.
La nacionalización no desapareció para siempre. Después de la Revolución Islámica de 1979, el Estado iraní consolidó el control de su industria petrolera.
¿Y dónde está hoy el petróleo iraní?
Hoy las reservas y la industria petrolera iraní siguen bajo control estatal, a través de la Compañía Nacional Iraní de Petróleo. Irán tiene algunas de las mayores reservas probadas del planeta y una capacidad de producción cercana a los 3.8 millones de barriles diarios, según estimaciones estadounidenses.
Pero ser dueño del petróleo no significa tener libertad para venderlo.
Las sanciones internacionales han limitado sus operaciones y su acceso a los mercados financieros. China se convirtió en su principal comprador, adquiriendo más del 90 por ciento de sus exportaciones en los últimos años, muchas veces mediante intermediarios y operaciones difíciles de rastrear.
La situación se ha complicado todavía más en 2026. Los reportes de Reuters señalan que el bloqueo naval estadounidense reinstalado en julio prácticamente paralizó los envíos iraníes: las cargas de agosto cayeron a entre 220 mil y 255 mil barriles diarios, frente a los aproximadamente dos millones de marzo.
El petróleo sigue siendo iraní, pero su comercialización está condicionada por las sanciones, las presiones militares y los intereses geopolíticos de las grandes potencias.
¿Y qué pasó con el petróleo mexicano?
México no sufrió un golpe de Estado por la expropiación de 1938. PEMEX se consolidó como empresa pública y durante décadas fue uno de los principales motores económicos del país. El petróleo financió infraestructura, gasto público y buena parte del desarrollo nacional.
Pero la historia tampoco terminó como una postal de soberanía y prosperidad.
La producción petrolera mexicana lleva años enfrentando el agotamiento de campos, dificultades de inversión, problemas operativos y una enorme carga financiera. En septiembre de 2026, PEMEX reportó una producción de hidrocarburos líquidos de aproximadamente 1.61 millones de barriles diarios, considerando su producción de exploración y producción con socios.
PEMEX informó el 30 de octubre que su deuda financiera se ubicó en 77 mil 600 millones de dólares al cierre de septiembre, después de una reducción cercana a ocho mil millones respecto al cierre de 2025. También reportó una recuperación en refinación y resultados operativos durante el tercer trimestre.Son datos que muestran avances, pero no borran los problemas estructurales. Los estados financieros presentados ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos todavía advierten dudas significativas sobre la capacidad de PEMEX para continuar operando sin el respaldo financiero del Gobierno federal, debido a sus pérdidas acumuladas y su patrimonio negativo.
La pregunta, entonces, no es solamente quién es dueño del petróleo. También importa cuánto se produce, cuánto cuesta extraerlo, qué beneficios deja, qué deuda genera y si esa riqueza se traduce realmente en bienestar para la población.
De Cárdenas a Mossadegh, la soberanía también se mide por sus resultados.
Hay algo profundamente simbólico en que un país como Irán haya mirado hacia México para encontrar inspiración en su lucha por recuperar sus recursos naturales. Cárdenas entendió que la soberanía no podía ser una palabra escrita en la Constitución si las decisiones sobre la riqueza nacional se tomaban fuera del país.
Mossadegh intentó llevar esa idea hasta sus últimas consecuencias y pagó un precio altísimo.
Hoy, mientras Irán enfrenta sanciones y bloqueos para comercializar su petróleo, México conserva PEMEX como empresa pública, pero tiene ante sí el desafío de hacerla viable, productiva y financieramente sostenible.
Setenta y tantos años después, la historia nos devuelve una pregunta incómoda: ¿de qué sirve ser dueño de la riqueza si no se tiene la capacidad de administrarla, aprovecharla y convertirla en bienestar colectivo?
Porque la soberanía no consiste solamente en impedir que otros se lleven nuestro petróleo. Consiste, sobre todo, en que ese petróleo sirva a quienes viven en el país que lo posee.
Dimensión de la industria iraní antes de la guerra: producción, exportaciones, dependencia de China, capacidad de refinación y control estatal antes de la existencia de sanciones y restricciones y bloqueo actual.

No basta con comparar cuánto petróleo extrae cada país; hay que saber cuánto dinero obtiene realmente, cuánto debe y cuánto de esa riqueza llega a la población.
IRÁN: ingresos millonarios, pero bajo presión financiera
US$66,000 millones: ingresos petroleros y petroquímicos (2024-2025).
US$30,000 millones: ventas estimadas de crudo en 2025.
US$20,000 millones: ingresos conservados estimados tras descuentos y costos.
Deuda de NIOC: sin balance público auditado comparable.


















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