El Nobel de Economía 2025 deja una lección incómoda: por qué México no progresa
- anitzeld
- 14 oct
- 3 Min. de lectura
...cómo un país invierte en conocimiento, fomenta la competencia y protege a quienes quedan rezagados.
El Premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por sus investigaciones sobre el crecimiento económico impulsado por la innovación. Aunque el anuncio del Comité Sueco no mencionó directamente a México, los principios que sostienen sus teorías tocan fibras sensibles de la economía mexicana: la falta de inversión en ciencia y tecnología, el bajo crecimiento de la productividad y la desigual distribución de los beneficios del desarrollo.
Innovar no basta
Según el comunicado del Comité Nobel, los tres economistas fueron reconocidos por “explicar los mecanismos mediante los cuales la innovación impulsa el progreso tecnológico y el crecimiento de largo plazo”.Mokyr aportó una visión histórica sobre cómo las sociedades que valoran el conocimiento y la experimentación logran sostener su desarrollo.Aghion y Howitt, por su parte, desarrollaron la teoría de la “destrucción creativa”, inspirada en Schumpeter, que explica cómo las nuevas ideas sustituyen a las viejas estructuras productivas, impulsando el cambio económico, pero también provocando tensiones sociales.
El mensaje central de sus trabajos es que la innovación solo produce crecimiento sostenido cuando existe un entorno institucional que la respalde: competencia real, educación de calidad, sistemas de financiamiento y marcos regulatorios que incentiven la investigación.
Una advertencia para las economías en desarrollo
Durante la conferencia de prensa en Estocolmo, Aghion advirtió que “la innovación requiere un ecosistema que premie el riesgo, no que lo castigue”. Mokyr, a su vez, señaló que “el progreso no es automático: depende de que las sociedades sean capaces de tolerar el cambio y manejar sus consecuencias”.
Esa advertencia resuena especialmente en América Latina, donde el crecimiento suele estancarse por modelos productivos concentrados en sectores tradicionales y baja inversión en investigación y desarrollo (I+D). México, pese a ser la segunda economía más grande de la región, invierte menos del 0.5% de su PIB en ciencia y tecnología, muy por debajo del promedio de los países de la OCDE.
Destrucción creativa, pero con desigualdad
El enfoque de Aghion y Howitt también subraya los riesgos sociales de la innovación: cuando no se acompaña con políticas de redistribución y capacitación laboral, puede aumentar la desigualdad.En México, esta brecha se refleja en el mercado laboral: las zonas tecnológicas y manufactureras del norte y el bajío muestran salarios promedio hasta tres veces mayores que los del sur rural.
“Las economías que adoptan nuevas tecnologías deben hacerlo con justicia social”, recordó Mokyr. “No se trata solo de producir más, sino de que los beneficios del progreso lleguen a todos.”
Competencia, apertura y el futuro digital
Los tres laureados destacaron que el proteccionismo y las barreras a la competencia pueden frenar el crecimiento, al impedir la entrada de nuevas ideas y empresas.En un contexto donde México revisa su relación comercial con Estados Unidos y enfrenta tensiones en sectores clave como la energía o los semiconductores, la lección del Nobel es clara: cerrarse al cambio equivale a renunciar al futuro.
Además, en medio de la transformación digital, la inteligencia artificial y la automatización plantean nuevos desafíos: la urgencia de políticas educativas que preparen a los trabajadores para empleos que aún no existen.
El desafío mexicano
El Nobel de Economía 2025 no fue un llamado contra México, pero sí un espejo. Las teorías premiadas recuerdan que el crecimiento no depende solo de las exportaciones o la estabilidad macroeconómica, sino de cómo un país invierte en conocimiento, fomenta la competencia y protege a quienes quedan rezagados.
México, que se encuentra en la antesala de una transición productiva marcada por la relocalización industrial y la digitalización, tiene la oportunidad —y la urgencia— de traducir esas ideas en política pública.Porque, como escribió Mokyr en A Culture of Growth, “la prosperidad no es un accidente histórico: es una decisión colectiva de creer en el cambio”.
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