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Calaveritas y calaveritas

  • anitzeld
  • 1 nov
  • 2 Min. de lectura

La Muerte abrió su TikTok


y en vivo quiso anunciar,


que este año el apocalipsis


ya se iba a formalizar.

Con filtro y buena luz dijo:


“Ya no hay planeta que aguante,


la IA me hace competencia


y el clima está delirante.”

Los ricos se van al Marte,


los pobres al metaverso,


y nadie escucha a la Tierra


que gime en tono diverso.

Los políticos la siguen,


con discursos en streaming,


mientras la Catrina ríe


y les manda unghostingdigno.

Pero entre tanto desastre,


un gato baila en la red,


y el mundo sigue girando


con memes, caos y fe


Las calaveritas poéticas son esos versos juguetones que los mexicanos escribimos para reírnos de la muerte. No son tristes, al contrario: se burlan de políticos, artistas, amigos o de uno mismo, imaginando cómo la huesuda vendría a buscarnos. Se leen en escuelas, periódicos o redes, y cada año nos recuerdan que, aunque la vida se acaba, el humor nunca muere.



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¿Flores de cempasúchil? Listas. ¿Veladoras? Listas. Sólo faltan las calaveritas, las figuras de dulce que también adornan los altares dedicados a los seres queridos fallecidos durante Día de Muertos en México.


Al igual que el tradicional pan de muerto, estos cráneos azucarados capturan cómo los mexicanos recuerdan cada noviembre con alegría a quienes se han ido.


“Muy pocas personas compran para consumo personal,” dijo Adrián Chavarría, cuya familia se ha dedicado a la preparación de calaveritas desde los años 40 en Ciudad de México. “Normalmente las quieren para adornar sus altares ”.


Siguiendo una tradición arraigada en creencias prehispánicas ligadas a la agricultura, muchos mexicanos piensan que sus familiares regresan a casa para pasar la noche cada 2 de noviembre.

Para recibirlos como merecen, las familias montan altares en sus hogares, prenden velas que iluminen sus caminos y colocan sus platos y bebidas favoritos.


“Pongo una cerveza, una coca, un cigarro. Uno de cada cosa por si se ofrece”, dijo Margarita Sánchez, quien pasó una tarde reciente comprando calaveritas y otros artículos para su altar. “El que se acerque, que tome”.


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