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Cuando el arte deja de ser neutral: la Bienal de Venecia y la disputa por la conciencia social

  • 9 may
  • 4 min de lectura

Por primera vez, los trabajadores de la Bienal se declararon en huelga el viernes por la presencia de Israel en la kermesse, con veinte pabellones cerrados la víspera de la apertura al público. Por su parte, el Gobierno italiano y la UE critican la presencia rusa.

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Esta instalación artística en la fachada del Palazzo Ca' da Mosto en Venecia se titula "Il Gesto" y es obra del artista francés JR.
Esta instalación artística en la fachada del Palazzo Ca' da Mosto en Venecia se titula "Il Gesto" y es obra del artista francés JR.

La Bienal de Venecia explota entre protestas y boicots: el arte convertido en campo de batalla político


La Bienal de Venecia abrió este 9 de mayo en medio de la edición más caótica y politizada de su historia. Protestas masivas, huelgas, boicots institucionales y la renuncia completa del jurado internacional transformaron la principal vitrina del arte contemporáneo mundial en un reflejo directo de las fracturas geopolíticas que atraviesan al planeta.


Lo que normalmente funciona como una celebración artística entre pabellones nacionales, coleccionistas y figuras de la élite cultural terminó convertido en un escenario de confrontación sobre la guerra en Gaza, la invasión rusa de Ucrania y el papel ético de las instituciones culturales frente a los conflictos contemporáneos.


La crisis escaló luego de que el jurado internacional renunciara en protesta por la participación de Israel y Rusia. Como consecuencia, por primera vez en décadas no habrá Leones de Oro otorgados por especialistas: serán los visitantes quienes voten por los mejores pabellones y artistas, en un formato comparado incluso con Eurovisión.



La polémica comenzó cuando el jurado anunció que no premiaría a países cuyos líderes enfrentaran investigaciones ante la Corte Penal Internacional por violaciones a derechos humanos. La decisión abrió nuevas críticas, incluyendo voces que cuestionaron por qué Estados Unidos no fue incluido en ese criterio. El artista británico Anish Kapoor resumió el ambiente asegurando que la Bienal quedó atravesada por “la política del odio y la guerra”.


La edición de este año fue concebida por la curadora camerunesa Koyo Kouoh, fallecida el año pasado y primera mujer africana elegida para dirigir la exposición central de la Bienal. Su propuesta, In Minor Keys, reunió a 110 artistas y colectivos alrededor de las voces históricamente ignoradas: minorías, migrantes, comunidades racializadas y experiencias desplazadas por las narrativas dominantes.


La muestra principal abre con una monumental escultura roja inspirada en la tradición afrodescendiente del Black Masking de Nueva Orleans, marcando desde el inicio la intención política y social de la exposición: mirar aquello que normalmente permanece fuera del centro.


Sin embargo, la discusión salió rápidamente de los pabellones y tomó las calles de Venecia. El viernes previo a la inauguración, cerca de dos mil personas marcharon hacia el Arsenale en la primera huelga de trabajadores registrada en la historia de la Bienal. Sindicatos, artistas y colectivos culturales protestaron contra la presencia israelí, llamando al pabellón “el pabellón del genocidio” por la ofensiva militar en Gaza. La movilización derivó en momentos de tensión con la policía italiana cuando algunos manifestantes intentaron atravesar los bloqueos de seguridad.


El impacto fue inmediato: una veintena de pabellones nacionales cerraron parcial o totalmente en solidaridad con la protesta, entre ellos España, Austria, Bélgica, Irlanda y Reino Unido.


La reapertura temporal del pabellón ruso añadió todavía más tensión. El colectivo Pussy Riot realizó acciones simbólicas contra su participación y la Unión Europea amenazó con retirar fondos a la Bienal si el evento servía para legitimar posiciones del Kremlin. Finalmente, el pabellón ruso quedó cerrado al público y las obras solo podrán verse desde las ventanas.


La controversia también dividió al gobierno italiano. Mientras el viceprimer ministro Matteo Salvini defendió la presencia rusa asegurando que “el arte debe ser libre” y visitó personalmente el pabellón, el ministro de Cultura Alessandro Giuli boicoteó la inauguración tras confrontarse con la organización.


En medio del caos político, varias exposiciones reforzaron precisamente la idea del arte como conciencia social. La artista Lubaina Himid presentó en el pabellón británico una reflexión sobre migración, desplazamiento y pertenencia; el pabellón de Austria convirtió aguas residuales en material artístico para denunciar el turismo masivo y la degradación de Venecia; mientras el Vaticano apostó por una experiencia contemplativa inspirada en Hildegarda de Bingen, con reinterpretaciones musicales de Brian Eno y Patti Smith.


Incluso el pabellón israelí respondió directamente al conflicto. El artista Belu-Simion Fainaru defendió el diálogo por encima del boicot y calificó la exclusión de Israel como discriminatoria, mientras su instalación insistía en mensajes de amor, memoria y esperanza en medio de la guerra.


La Bienal de Venecia confirma así una transformación profunda del arte contemporáneo: los museos y las grandes exposiciones internacionales ya no son únicamente espacios de contemplación estética, sino escenarios donde se disputan narrativas políticas, éticas y sociales. En un mundo atravesado por guerras, desplazamientos y polarización, el arte parece haber dejado atrás cualquier pretensión de neutralidad.



México rinde un homenaje a las culturas mesoamericanas en la Bienal de Venecia


El proyecto Actos invisibles para sostener el universo, del colectivo RojoNegro, comparte los saberes del mundo precolombino en la edición 61 de la Bienal de Venecia. Foto Alvise Busetto/cortesía de la Coordinación Nacional de Artes Visuales del Inbal
El proyecto Actos invisibles para sostener el universo, del colectivo RojoNegro, comparte los saberes del mundo precolombino en la edición 61 de la Bienal de Venecia. Foto Alvise Busetto/cortesía de la Coordinación Nacional de Artes Visuales del Inbal

“RojoNegro lleva mucho años de investigar las culturas mesoamericanas, gracias a sus propias herencias, sobre todo las de Noé. Tienen mucho trabajo de investigación de archivo, etnográfico, sus referencias son muy claras; sin embargo, nunca habían podido efectuar un proyecto tan inmersivo como éste”, señala Berlanga. No hay un apoyo galerístico detrás de su participació, sólo su pequeño estudio.


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