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#AsíLasCosas Antorcha Campesina y la BUAP: ¿un fantasma del pasado en la política de Puebla?

  • anitzeld
  • 11 sept
  • 3 Min. de lectura

Puebla siempre ha sido un estado atravesado por tensiones entre la política y la academia. El reciente paro estudiantil en la BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla) no solo evidenció las carencias dentro de la institución, también abrió la puerta a acusaciones y deslindes que revelan cómo la vida universitaria refleja, en pequeño, la dinámica política del estado.


Antorcha Campesina, un actor histórico en Puebla


El Movimiento Antorchista Nacional (MAN), conocido como Antorcha Campesina, nació en los años setenta en Tecomatlán, Puebla. Construyó poder a través de campesinos, colonias populares, transportistas y, en ocasiones, influencia en universidades. Durante décadas fue aliado del PRI, con acusaciones de clientelismo y uso de estudiantes para respaldar demandas políticas.


En la BUAP, su huella se recuerda en disputas pasadas, pero hoy su presencia real parece diluida frente a una comunidad estudiantil más plural, marcada por temas como el feminismo, la transparencia y la democracia interna.


El paro universitario de 2025


El 24 de febrero de 2025, la Facultad de Medicina de la BUAP inició un paro que pronto se extendió a facultades como Derecho, Psicología, Filosofía y Letras, Lenguas, Arquitectura, Ciencias Químicas y varias preparatorias. Las demandas eran concretas: mejorar prácticas clínicas, transparentar contratación docente, reforzar protocolos de género y garantizar infraestructura digna.


Tras semanas de mesas de trabajo, la rectoría aceptó buena parte de las exigencias y, en abril, el paro fue levantado en todas las unidades académicas. Más de 124 mil estudiantes retomaron clases, y la universidad reinició procesos clave como el de admisión.


Las acusaciones del gobernador


En pleno conflicto, el gobernador Alejandro Armenta Mier acusó públicamente que Antorcha Campesina estaba detrás del paro, buscando manipularlo políticamente. Incluso aseguró que representantes del movimiento habrían reconocido su intervención en una reunión con la Secretaría de Gobernación.


Con esta narrativa, Armenta no solo intentaba deslegitimar el movimiento estudiantil, sino también golpear a un viejo rival político. En Puebla, Antorcha ha sido un contrapeso incómodo para distintos gobiernos, y revivir su fantasma funcionó como explicación inmediata del conflicto.


Estudiantes y académicos se deslindan


La respuesta estudiantil fue rápida y contundente: comunicados donde se negaba cualquier vínculo con Antorcha, afirmando que el paro había surgido de manera autónoma y horizontal. Académicos críticos reforzaron esa postura, señalando que, aunque Antorcha sí tuvo influencia en la universidad en décadas pasadas, en 2025 las movilizaciones respondían a problemas internos, no a intereses externos.


Este deslinde permitió a los estudiantes mantener legitimidad y centrar el foco en sus demandas: infraestructura, género y democracia universitaria.


Lo que la BUAP refleja del estado de Puebla


El conflicto universitario deja ver un paralelismo con el estado:


Viejos y nuevos actores: así como Antorcha sigue apareciendo en el discurso político, en Puebla conviven prácticas clientelares con una ciudadanía más crítica y conectada.
Autonomía vs. control: la tensión entre la independencia universitaria y la intromisión del gobierno es similar a la de municipios y organizaciones sociales frente al poder estatal.
Demandas estructurales: las carencias en la BUAP (infraestructura, transparencia, género) reflejan los mismos déficits del estado.
Generaciones en contraste: Antorcha simboliza el pasado priista, mientras que los estudiantes expresan lenguajes contemporáneos de lucha social.

Entre el fantasma y la realidad


Hoy, la BUAP opera con normalidad, pero el eco del paro y las acusaciones persiste. El episodio muestra cómo, en Puebla, los fantasmas políticos del pasado siguen apareciendo en el presente para explicar conflictos sociales, aunque la realidad esté marcada por demandas nuevas.


En ese cruce, la BUAP no solo es una universidad: es un termómetro del estado, donde se mide hasta qué punto la sociedad poblana está dispuesta a dejar atrás prácticas heredadas y a escuchar a sus nuevas generaciones.

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