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Por qué se descarriló el tren

  • anitzeld
  • 29 dic 2025
  • 3 Min. de lectura


Descarrilamiento del Tren Interoceánico en el sur de México deja 13 muertos y decenas de heridos



El descarrilamiento del Tren Interoceánico el domingo pasado cerca de Nizanda, Oaxaca, no solo dejó al menos 13 muertos y 98 heridos, sino que ha reabierto el debate sobre si el ambicioso proyecto ferroviario que pretendía transformar el sur de México estaba listo para operar.



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El tren, que enlaza el puerto de Salina Cruz en el Pacífico con Coatzacoalcos en el Golfo de México, se salió de las vías al tomar una curva en una infraestructura que especialistas habían catalogado como inadecuada para el tipo de servicio que se quería ofrecer. Una crítica técnica que circula en el sector lo resume así:

“es como poner un tren de juguete hecho de fibra de vidrio, diseñado para vías y señalización de alta calidad, a correr entre trenes de carga reales sobre infraestructura deplorable y en gran parte sin señalización” — una metáfora que captura la tensión entre el diseño ideal y la realidad operativa del proyecto.

Que podía salir mal en la operación del Interoceanico, si los trenes británicos InterCity 125, comprados de segunda mano, construidos en 1976, circulan en vías con durmientes de madera instaladas al menos hace 40 años. Pasotti

Inversión multimillonaria y promesas de crecimiento


El Tren Interoceánico forma parte del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), uno de los proyectos de infraestructura más grandes de la administración pasada, concebido para convertir el istmo en un corredor logístico que compita con rutas globales como el Canal de Panamá. El gobierno ha destinado varios miles de millones de dólares en obras ferroviarias, puertos y polos industriales, con estimaciones oficiales de inversión total federal cercanas a USD 5,000 millones y la expectativa de atraer hasta USD 50,000 millones en inversión privada.


La rehabilitación de líneas como la denominada “Línea Z”, que comprende 227 km de vía férrea, ha requerido inversiones específicas para reforzar durmientes, puentes y drenajes, diseñados también para transportar carga y pasajeros.


El proyecto no solo había prometido modernizar la infraestructura ferroviaria: autoridades han proyectado que la operación completa del corredor podría mover más de 1.4 millones de contenedores al año, reduciendo costos y tiempos de tránsito entre océanos y fomentando el desarrollo regional en el sur y sureste del país.


Beneficios reales versus expectativas

En términos reales, el proyecto sí ha generado algunos beneficios concretos:


  • Desde la puesta en operación de partes de las líneas ferroviarias, cientos de miles de pasajeros y cientos de miles de toneladas de carga ya han sido transportados, una muestra de actividad logística en la región.

  • Las obras han impulsado empleos directos e indirectos en su construcción y estimulan cierta inversión en polos de desarrollo.

Sin embargo, a pesar de estas cifras, la rentabilidad operativa aún no se ha alcanzado. Autoridades estimaban que el tren no sería autosuficiente hasta alrededor de 2027, con déficit de operación en los años previos.


Además, informes de presupuesto revelan que en 2025 el proyecto sufrió recortes significativos en las asignaciones oficiales, pese a que partes de la infraestructura siguen inconclusas.


Otro aspecto crítico es que la inversión privada no ha fluido con la fuerza prometida en sectores como los puertos y parques industriales, esenciales para que el corredor funcione plenamente como un nodo logístico competitivo.


Resultados y críticas


La tragedia del descarrilamiento ha puesto en evidencia la tensión entre la visión de desarrollo y las deficiencias técnicas y operativas del proyecto. Además de la falta de señalización adecuada y ciertas partes de infraestructura con mantenimiento insuficiente, sectores del gremio ferroviario y especialistas han señalado que el proyecto se impulsó más por motivaciones políticas y promesas de desarrollo acelerado que por evaluaciones rigurosas de capacidad técnica y seguridad.


Tras el accidente, la presidenta Claudia Sheinbaum instruyó a altos funcionarios para asistir a las familias afectadas y supervisar la respuesta en el sitio, mientras las investigaciones buscan esclarecer las causas que llevaron al descarrilamiento de un tren que debería ser emblema de modernización y que ahora se ha convertido en símbolo de los retos del desarrollo de infraestructura en México.

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