Ozempic: nació para la diabetes, conquistó la báscula y ahora está cambiando otra vez el ideal de belleza
- 21 ago
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Ozempic nació como medicamento para la diabetes, se convirtió en fenómeno de adelgazamiento y ahora está modificando otra vez la idea cultural de qué significa tener un cuerpo “deseable”. En México, además, esto se cruza con una epidemia real de obesidad y diabetes, pero también con el riesgo de que un tratamiento médico termine convertido en una herramienta estética.

Durante años, la conversación sobre Ozempic estuvo asociada casi exclusivamente con una palabra: adelgazar. Pero el medicamento no nació para eso.
La semaglutida, principio activo de Ozempic, fue desarrollada para tratar la diabetes tipo 2. Ozempic obtuvo su primera autorización de la FDA en 2017 para ayudar a controlar los niveles de glucosa en personas con diabetes tipo 2. La pérdida de peso apareció como uno de sus efectos, pero no era su indicación original. ([Popular Science][1])
El cambio llegó cuando los investigadores comenzaron a observar que la misma molécula tenía un efecto considerable sobre el apetito y el peso corporal. La semaglutida actúa sobre los receptores de GLP-1: estimula la producción de insulina cuando aumenta la glucosa, reduce la producción de glucagón, retrasa el vaciamiento del estómago y actúa sobre el cerebro aumentando la sensación de saciedad. ([Popular Science][1])
En 2021, la misma molécula fue aprobada en Estados Unidos con otro nombre, Wegovy, específicamente para el control crónico del peso en determinados adultos con obesidad o sobrepeso y condiciones relacionadas. Es importante hacer esta distinción: Ozempic y Wegovy contienen semaglutida, pero tienen indicaciones y dosis diferentes. ([Popular Science][1])
Ahí comenzó una transformación que ya no fue solamente médica.
Las redes sociales, las celebridades y la cultura de la imagen convirtieron a Ozempic en una especie de palabra secreta para adelgazar. Lo que había comenzado como un tratamiento para una enfermedad metabólica terminó asociado con la idea de conseguir rápidamente un cuerpo más delgado. El fenómeno fue tan grande que el uso de los GLP-1 se disparó y comenzó a generar también problemas de disponibilidad y preocupación por el uso fuera de indicación. ([Popular Science][1])
Y aquí aparece una segunda historia: la de la estética.
Durante buena parte de la última década, la conversación cultural sobre el cuerpo había comenzado a alejarse del ideal de extrema delgadez. El movimiento body positive, la diversidad corporal y la crítica a las dietas habían cuestionado la idea de que un cuerpo delgado era necesariamente un cuerpo saludable o bello.
Pero los medicamentos GLP-1 están ayudando a empujar la conversación en otra dirección.
El regreso del cuerpo delgado no ocurre exactamente como en los años noventa o principios de los 2000. La diferencia es que ahora la delgadez puede presentarse como resultado de una intervención médica, tecnológica y farmacológica, no solamente como producto de dietas, ejercicio extremo o fuerza de voluntad. Eso cambia también el discurso: adelgazar deja de ser únicamente una cuestión estética para convertirse en parte de una conversación sobre metabolismo, obesidad y salud.
El problema aparece cuando ambas historias —la médica y la estética— se mezclan.
Porque una cosa es utilizar un GLP-1 para tratar obesidad, diabetes u otras condiciones para las que existe evidencia médica, y otra convertirlo en un accesorio para alcanzar determinado estándar de belleza. La propia Cofepris ha advertido en México sobre el uso indiscriminado de semaglutida y otros agonistas GLP-1 y ha señalado que estos medicamentos deben ser prescritos y supervisados por profesionales de la salud. También ha detectado su promoción en redes sociales como una vía para conseguir una pérdida rápida de peso. ([Gobierno de México][2])
México tiene una razón particular para mirar este fenómeno con atención.
Cofepris reconoce actualmente registros sanitarios para distintos medicamentos de la familia GLP-1. En el caso de la semaglutida, Ozempic y Rybelsus están indicados para diabetes tipo 2, mientras que Wegovy cuenta con indicación para el control del peso en determinados pacientes con sobrepeso u obesidad. ([Gobierno de México][3])
Y el contexto mexicano hace que el asunto no pueda reducirse a una moda de Instagram.
México enfrenta una elevada prevalencia de sobrepeso, obesidad y diabetes. La propia Cofepris ha señalado que padecimientos metabólicos como obesidad y diabetes tienen una alta prevalencia en el país. ([Gobierno de México][4]) Por eso, para el sistema de salud, los GLP-1 representan una posible herramienta terapéutica; para la industria farmacéutica, un mercado gigantesco; y para la cultura de la imagen, una nueva forma de relacionarse con el cuerpo.
Y quizá ahí está la parte más interesante de esta historia.
Porque Ozempic no solamente está cambiando cuánto pesa una persona. Está cambiando la conversación sobre cuánto debería pesar.
La medicina lleva años intentando explicar que la obesidad no es simplemente falta de voluntad. Los GLP-1 refuerzan esa idea al demostrar que es posible intervenir farmacológicamente sobre mecanismos relacionados con el apetito, la glucosa y el metabolismo. Pero, paradójicamente, el éxito de estos medicamentos también puede alimentar una vieja obsesión: la de convertir la delgadez en la medida de todas las cosas.
El artículo de Vox plantea justamente que la historia de estos medicamentos podría ser mucho más amplia que la pérdida de peso. Ensayos han encontrado beneficios en pacientes con apnea del sueño, enfermedad renal, hígado graso, osteoartritis y riesgo cardiovascular.
Pero tampoco son medicamentos milagro. La investigación sigue descartando algunas de las expectativas más exageradas y existen riesgos y costos que deben tomarse en cuenta. Una revisión de 22 ensayos citada por Vox encontró que aproximadamente una cuarta parte del peso perdido con estos fármacos corresponde a masa muscular.
Así que la verdadera revolución de Ozempic quizá no esté en la báscula.
Está en que la delgadez volvió a convertirse en un producto de alta tecnología, justo cuando parecía que la cultura estaba aprendiendo a aceptar cuerpos distintos.
Y México está en medio de esa contradicción: un país que necesita combatir una epidemia de obesidad y diabetes, pero que también debe evitar que un medicamento pensado para tratar enfermedades termine convertido en una nueva carrera por encajar en un ideal estético.
La pregunta ya no es solamente por qué la gente quiere bajar de peso.
La pregunta es por qué, después de tantos años intentando liberarnos de la tiranía de la báscula, estamos volviendo a mirarla como si ahí estuviera la respuesta sobre nuestros cuerpos.
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“Ozempic face”
Ya no se habla solamente del llamado “Ozempic face”. Ahora la conversación se extiende al cuerpo: en redes sociales y en la cultura de la estética empieza a aparecer el término “Ozempic body” para describir los cambios físicos que pueden acompañar una pérdida de peso rápida o considerable con medicamentos como Ozempic y otros fármacos GLP-1.
La diferencia puede hacerse visible a simple vista: además de perder grasa, algunas personas experimentan una reducción de volumen en brazos, piernas, abdomen y glúteos, y pueden quedar con piel más flácida o con menos masa muscular. En el rostro, la pérdida de grasa subcutánea puede hacer que las mejillas se vean más hundidas, que aparezcan más líneas y que el rostro parezca más envejecido. Es decir, el cambio no siempre es simplemente “verse más delgado”: puede modificar las proporciones y la apariencia general del cuerpo.
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