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¿América Latina voltea hacia la derecha?

  • anitzeld
  • 15 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

El triunfo de José Antonio Kast en Chile, la crisis postelectoral en Honduras y la victoria de Daniel Noboa en Ecuador no son episodios aislados. Juntos dibujan un mapa de derechas y ultraderechas en expansión, pero también un escenario más complejo: alternancia acelerada, polarización extrema y democracias cada vez más frágiles.


En Chile, Kast ganó con claridad el balotaje y prometió un “cambio real” basado en orden, seguridad y control migratorio, marcando el regreso de la derecha más extrema desde el fin de la dictadura. En Honduras, con el conteo aún bajo tensión, el conservador Nasry Asfura lidera los resultados mientras el expresidente Manuel Zelaya llama a la movilización para exigir la anulación de unas elecciones que califica de fraudulentas, trasladando el conflicto del ámbito institucional a las calles. En Ecuador, Daniel Noboa consolidó una victoria que refuerza el bloque de gobiernos de derecha alineados sin matices con los Estados Unidos de Donald Trump.


1. Ecuador: más que ideología, una respuesta al colapso

Aunque la victoria de Noboa suele leerse como parte del giro regional a la derecha, el caso ecuatoriano revela algo más ambiguo. Su triunfo parece responder menos a una adhesión ideológica y más a un contexto de violencia extrema, crisis económica, agotamiento del sistema político y búsqueda desesperada de gobernabilidad. Es una derecha que gana no por convicción doctrinaria, sino por la ausencia de alternativas creíbles.


2. El voto ya no elige proyectos, castiga fracasos

Chile, Honduras y Ecuador comparten un patrón: el voto —o la protesta— funciona como castigo. Castigo a gobiernos que no lograron estabilizar la economía, frenar la violencia o fortalecer las instituciones. Incluso donde gobierna la centroizquierda, como Brasil y México, el margen político se ha estrechado, y las próximas elecciones en Chile, Bolivia, Honduras y Colombia pondrán a prueba esa frágil continuidad.


3. El descontento social como motor

La literatura reciente coincide en un punto clave: el descontento social es el combustible de la ultraderecha. El investigador Alejandro Grimson vincula este malestar a una secuencia de crisis acumuladas —la quiebra de Lehman Brothers en 2008, el debilitamiento del Estado de bienestar, la pandemia y la inflación posterior— que dispararon la desigualdad y erosionaron las certezas básicas de amplios sectores sociales.


4. Una transformación económica más profunda

Para Pablo Semán, el fenómeno va aún más allá del enojo coyuntural. La irrupción de China en el mercado mundial transformó el ciclo de acumulación capitalista, alterando los mercados laborales, la estabilidad social y la relación entre Estado, economía y ciudadanía. La llamada “ola de extrema derecha” sería, en ese sentido, la expresión política visible de una reconfiguración económica global mucho más profunda.


5. Orden, miedo y alineamientos externos

La promesa de orden frente al caos atraviesa todos estos casos. Kast en Chile, Noboa en Ecuador y Milei en Argentina comparten una narrativa: seguridad primero, derechos después. No es casual que estos liderazgos se alineen rápidamente con Washington y encuentren respaldo mutuo. La ultraderecha regional no solo compite electoralmente: se articula como bloque.


6. América Latina no gira en bloque: se vuelve inestable

Pese al avance de la derecha, no hay un corrimiento uniforme. La región vive una inestabilidad crónica, con cambios abruptos de signo político, instituciones debilitadas y una ciudadanía cada vez más desconfiada del sistema democrático. Cuando las elecciones no resuelven los conflictos —como en Honduras—, el riesgo es que la calle sustituya al voto.


América Latina no gira: se fractura


Más que un giro homogéneo, lo que vive la región es una fractura profunda. La democracia sigue en pie, pero debilitada por la desigualdad, la violencia y la desconfianza. En ese vacío crecen opciones que prometen soluciones rápidas a problemas estructurales.


Más que preguntarse si América Latina “se fue a la derecha”, la pregunta de fondo es otra: qué falló para que el miedo, el enojo y la necesidad de orden pesen más que cualquier promesa de futuro. En ese vacío, la ultraderecha no crea el malestar: lo administra.

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