top of page


De exilios y exilios... Después de todo, sí
Sesenta años más tarde, nos casamos. A veces la vida toma sesenta años para retornar a veces nunca lo hace. No pensé que iba a volver a enamorarme. No a esta edad —con ochenta años cumplidos—, no después de haber organizado la vida durante décadas sin esa expectativa. Había aprendido a no necesitar a nadie en ese sentido: ni la presencia constante, ni la promesa, ni el proyecto compartido. El amor de pareja se había vuelto una categoría ajena, como una palabra que se entiende
24 ene4 Min. de lectura
bottom of page
